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ALBATROS 2705

LA DOLOROSA AUSENCIA

A la mayoría de nosotros, que Carmina se retirara a su casa aquejada de no supimos que enfermedad, hizo que no le diéramos una importancia excesiva. Pero, sí que la tenía. Así que, cuando al día siguiente sonó mi teléfono, no me podía imaginar cual iba a ser la noticia.

—Hola. ¿Quién llama?

—Isidro soy yo, Manuel.

—¿Qué ha ocurrido? Te noto la voz muy seca.

—Verás, … tengo que darte una mala noticia —Su voz quebrada iba y venía—Carmina… ha muerto. 

De repente noté como si el suelo desaparecía bajo mis pies. De mis ojos comenzaron a brotar lágrimas de dolor y el corazón encogido no me permitía respirar.

Tuve que sentarme y sin acabar de hablar con Isidro, colgué. A partir de aquel momento, estuve vagando por la casa como un fantasma. No me atrevía ni a mirar por la ventana, por si alguien me podía ver en aquel estado.

No daba crédito a lo que Isidro me había comunicado, ni podía dejar de dar vueltas a su imagen y a los recuerdos de la vida compartida. 

Del día después pocas cosas recuerdo, puesto que no estaba seguro de estar viviendo aquella situación. Sí, que ver su cuerpo en el ataúd, me confirmó lo ocurrido. Fue tal el esfuerzo que tuve que hacer, que a punto estuve del desmayo. Suerte de los amigos que me sujetaron e hicieron salir de la habitación.

El día del entierro amaneció la ciudad bajo una lluvia torrencial. Sin embargo, aquellas gotas de agua al caer sobre mí, no me hicieron reaccionar. Mi mente estaba nublada y andaba como un espantajo. Y así me debió ver Isidro, que me obligó a refugiarme en casa.

Pero aquello no era la solución. A oscuras en la habitación me repetía una y otra vez, como iba a soportar su ausencia. Según los más optimistas, a medida que transcurriesen los días iría mejorando mi estado de ánimo. Pero no era eso lo que yo quería.

Deseaba marchar por el mismo camino que ella y poder volver a sentirla junto a mí. Sin embargo, la realidad se imponía. Carmina había muerto y yo aún estaba viviendo, a pesar de sentirme más cerca del mundo a donde ella había ido. Recuerdo las muchas noches que desperté a causa de la humedad en la almohada. Mi llanto, a pesar de estar dormido, no cesaba.

La vida continuó y yo cada día me sentía más sólo. Añoraba su voz, su risa, hasta sus momentos de enfado…Todo me la recordaba, pero ella ya no estaba.

Hubo momentos en los que creí enloquecer y fue llegado a este punto, que tomé la determinación de vivir su ausencia de otra manera.

Ella no querría que yo enfermara, así que decidí que debía salir al mundo, para hablar de ella con la gente. Sería una forma de que Carmina volviera de alguna manera, a vivir conmigo de nuevo. Eso sí, siempre me faltarían sus besos y caricias. Pero la verdad es, que no se puede tener todo.        

Publicado la semana 82. 22/07/2019
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Relatos , En cualquier momento
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