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ALBATROS 2705

MANUEL Y SU BARQUILLA

Ocurrió durante la noche de San Juan, de hace algunos años. La luna llena brillaba en lo alto del firmamento, rodeada de multitud de estrellas fulguran­tes. Mientras, las olas dormían apaciblemente, dejando la mar en completa calma.

Sobre la fina arena de la playa, las hogueras iluminaban la fiesta, que los habitantes del lugar celebraban, para recibir el solsticio de verano. Un poco más allá, en el puerto, una barquilla permanecía fondeada a la espera de su bar­quero. Cuando este llegó, todas las penas y pesares que el hom­bre arrastraba tras de si, cayeron sobre las cuadernas de esta.

Manuel, suspiró. Su chalupa estaba anclada, y él no tenía carga alguna para ella. Se sintió triste, ya que después de muchos años en su compañía, solo podía cargarla con los sinsa­bores, que la vida le había dejado. Y quiso abandonarla a su suerte.

Así que, con resignación, soltó las amarras que la mantenían en el puerto y eso causó un desgarro a su anciano corazón.

Pronto, navegarían hacia altamar, sus sueños desvanecidos, sus amores perdidos, los recuerdos y los olvidos… todos ellos juntos tras un im­posible.

El barquero, permaneció absorto contemplando la deriva de la bar­quilla. Y tal como le ocurriera a Ulises en su regreso a Ítaca, llegaron hasta sus oídos, las canciones que las sirenas le dedicaban.

El viento le hizo llegar, una parte de la letra de las mismas.

“No estarás solo, cuando la tristeza invada tu noble corazón. Sin em­bargo, a pesar de que hemos querido combatir junto a ti, para que recuperaras tus ansias de vivir, hemos fracasado”.

El barquero, se dio cuenta entonces, de que el batel al navegar a la deriva, no tendría ninguna oportunidad de resistir (ya que no estaba preparado) ante las tempesta­des y tormentas, a las que se tendría que enfrentar en soledad.

No transcurrió mucho tiempo, antes de que el sonido de las canciones de las sirenas, des­pertaran a las dormidas olas. El fuerte viento, que soplaba en altamar, dio muestras de amenazar con hacer sucumbir tan pequeña embarcación.

Esta, en los primeros momentos, resistió. Pero luego, ante la violencia sin tregua de las fuertes olas, sentiría como aquellas la devoraban con su original carga.    

  

 

 

 

 

 

Publicado la semana 8. 19/02/2018
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Relatos , En cualquier momento
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