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ALBATROS 2705

ENTREGA TOTAL

Acabada su guardia de aquel día, Elvira regresó a su pequeño apartamento en el barrio de Gracia. Después de doce horas en la ambulancia, tenía necesidad de acostarse y relajar su cuerpo para descansar.

La joven vallisoletana, afincada en la Ciudad Condal, a sus treinta años gozaba de una soltería asumida. No, no es que el amor no la hubiese visitado, pero el sufrimiento vivido durante los tres años que convivió con Carlos, no le habían dejado ganas de otra relación.

Estaba dedicada en cuerpo y alma a su profesión. Aunque de cuerpo menudo había adquirido con su trabajo, la fuerza suficiente para estar a la altura de los varones con los que trabajaba.

Reconocía que, desde hacía unos meses, Iván el compañero con el que solía coincidir la mayoría de veces durante el servicio, le había tirado los tejos. A ella no le disgustaba que la piropeasen, como tampoco que fueran galantes en reconocimiento a su feminidad. Lo uno no quitaba lo otro. Pero sabía que debía ir poco a poco. No podía abrir su corazón de nuevo, para que este fuese pisoteado.

Una vez en la cama, no tuvo tiempo de contar hasta tres que ya estaba durmiendo. Sin embargo, los sueños no iban a ser dulces.

Entre la bruma de aquellos, se vio trasladada a la casa que había compartido con Carlos en el pasado. Vio la película de su última pelea, aquella que le llevó a buscar refugio en casa de sus padres.

La paliza que recibió, la dejó dos costillas rotas y un sinfín de moratones, que a día de hoy por suerte habían desaparecido. La angustia se estaba apoderando de ella, cuando el sonido del teléfono la despertó.

—Sí

—Elvira, ha ocurrido un accidente y precisamos te incorpores.

—Enseguida voy. —no dudó un instante.

Publicado la semana 71. 06/05/2019
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Relatos , En cualquier momento
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