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ALBATROS 2705

ENAMORAMIENTO FRUSTRADO

Recién llegado a la capital e instalado, me dispuse por todos los medios a contactar con grupos afines con los que compartir los momentos de ocio. No tarde mucho, y en el grupo encontré lo que más anhelaba: una mujer.

Era guapa y reunía todo aquello que un hombre desea reúna ella. A la belleza exterior también había que añadirle sus sentimientos hacia la gente. Solía gastar un buen humor y mis huesos temblaban nada más verla. Un gusanillo en el estómago no me dejaba estar y me mantenía en babia….

Visto lo visto, supuse que me había enamorado hasta las trancas. Pero recibía de su persona el más ingrato de los silencios.

Su risa que era contagiosa, quedaba ahogada al percibir mi presencia a su lado. Nadie supo nunca darme razón de aquel distanciamiento. Con el pasar de los días, mi amor se pudría dentro de mí, al no alcanzar la dicha que se supone ofrece este. Todo era en vano.

El feliz día de su cumpleaños acudí junto otros compañeros a celebrarlo. Pensé que era el momento, y le llevé un flamante ramo de rosas rojas a las que añadí un pequeño alfiler, con la imagen de su horóscopo.

Mientras abría los regalos, todos estaba pendientes de su reacción ante el mío, esperando me ofreciese la mejor de sus sonrisas. Su respuesta fue demostrar su frialdad absoluta ante mi pequeño obsequio.

Pero no soy de los que pronto tiran la toalla. Reconozco, que me cuesta darme por vencido y en esta ocasión así lo demostré.

La madre de la muchacha, qué si se había dado cuenta de mis sentimientos, aceptó que nos pudiésemos ver. De aquella visita obtuve, que la mujer le propondría un encuentro conmigo, para aclarar la situación. Y así lo hizo.

El campo neutral del encuentro fue una cafetería. Pero todo resultó ser algo violento, ya que ella, ante la petición de su madre, se vio forzada a aceptar.

—Teresa, celebro que hayas aceptado este encuentro.

—Pero no debías haberlo solicitado.

—Sólo deseo tener la oportunidad de confesarte mis sentimientos y que me digas, cual es la causa de tú enfado conmigo.

—Creí, que con mi actitud quedaban claro mis deseos.

—¿Pero por qué?

—Mi corazón ya tiene dueña y sólo a ella tengo que rendirle cuentas.

La declaración me dejó hundido. Aquella mujer maravillosa ya poseía un amor y este no era el mío.

Publicado la semana 70. 29/04/2019
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