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ALBATROS 2705

DERROTA O VICTORIA

El día 23 de abril de 1521, el ejército comunero al mando de don Juan Padilla, se encontraba acuartelado en Torrelobatón a la espera de hallar el mejor momento para abandonarlo. Pretendía con aquella maniobra, dirigirse hacia Valladolid o Toro en busca de refuerzos y suministros, para continuar su lucha contra las fuerzas reales.

A pesar de que el día no era nada propicio para hacer una salida de aquella envergadura, ya que llovía torrencialmente, los señores Padilla y Bravo decidieron abandonar el acuartelamiento.

Durante el camino observaron, que su maniobra había sido descubierta por el ejército real y que estos les perseguían. Intentaron en varias ocasiones detenerse para hacerles frente. Pero ante las pocas facilidades de defensa, que ofrecían aquellas poblaciones, fueron avanzando hasta Villalar.

Con la premura de ver al enemigo entrando en la población, instalaron como pudieron las defensas en medio de las calles. Con los pequeños cañones que disponían, intentaron hacer frente a un ejército superior en número.

Durante horas los únicos sonidos que se escucharon, fueron los producidos por arcabuces, cañones, los metálicos de las espadas, los relinchos de las monturas… que serían acompañados por la humedad de la lluvia torrencial, que caía sobre el campo de batalla.

La dureza con que el ejército real se imponía, hizo que los campos de Villalar se tiñeran de sangre comunera. Pero a estos les sostenía su fe en aquella lucha contra un monarca tirano, que solo pensaba en sus ansías de poder. Además, creían tener la razón de su parte y por ello, ni cejaron ni se rindieron.

Las gentes de Villalar, viendo la crueldad con la que las tropas reales luchaban, tuvieron la sensación de que en cualquier momento los comuneros se verían obligados a rendirse, así que tomaron sus aperos de labranza y salieron a combatir juntos a estos, contra aquella brutalidad que veían.

Ante la resistencia encontrada, el cansancio fue apoderándose de la tropa real de manera que, al verse cercados por los paisanos en la laguna del pueblo, les costó reaccionar.

Cuando lo hicieron, se vieron tan cerca del agua que el miedo les pudo, así que tomaron sus monturas y salieron a escape, para salvar sus vidas.

No hubo celebración alguna por aquella victoria. Aunque Villalar pudo respirar un poco más al saber, que de momento el poder absolutista del monarca no había podido con los comuneros. Pero solo había sido una batalla.

Sin embargo, este hecho fue simplemente un sueño que no llegó a producirse. Las tropas reales dieron un duro castigo a los comuneros. Detenidos sus jefes, juzgados y condenados, Padilla, Bravo y Maldonado serían ejecutados al amanecer.

El sueño de aquellos rebeldes había sucumbido ante el poder del ejército real. Solo un último eslabón, seguiría encendido en la ciudad de Toledo. 

 

Publicado la semana 65. 25/03/2019
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