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ALBATROS 2705

UN LUGAR EN SU CORAZÓN

La vida de Amalia transcurría llena de sueños e ilusiones. Vivía en la casa de campo de sus abuelos, tras el fallecimiento de su padre en la batalla del Ebro. Pero, los ancianos se habían volcado en ella, como si fuese su única hija cuando no era así, ya que la familia tenía siete vástagos más.

Comenzaba a ser una pequeña mujer y a aflorar en ella los sueños amorosos que, como en todas las adolescentes, se acrecentaba al contactar con los compañeros de juegos.

Adrián era su favorito. Chico apuesto y bien educado, que la recogía flores silvestres cada vez que la veía. Pero, el tiempo no es indulgente y a medida que transcurrían los años, cada uno de ellos iba marcándose los objetivos a alcanzar en su vida. El resultado, sería el alejamiento entre ellos.

Alcanzados los dieciocho años, se precipitaron los acontecimientos. Juntos en el baile de fin de curso, los llevó a confesarse sus planes definitivos.

—Amalia, la semana que viene marchó a Madrid a estudiar ciencias políticas. Yo te quiero, pero no sé si querrás esperarme.

—Yo también te quiero Adrián, pero van a ser muchos años de separación. No sé…

—No estamos tan lejos, para que no nos podamos ver con algo de frecuencia.

—Lo dices como si yo fuese a permanecer aquí. —Sus palabras sonaron algo abruptas —No, no, yo también marcho dentro de unos días hacia Sevilla, con mi tío Juan. Ya tengo plaza en su Universidad.

Aquella noticia dejó a Adrián sin habla. Él había supuesto, que ella continuaría en el pueblo y eso facilitaría pequeños encuentros, para hacer más agradable la espera.

El silencio se hizo espacio entre los dos. Cada uno de ellos con sus propios pensamientos. Aquellos castillos construidos en sus mentes se hallaban ahora en plena descomposición. O separarse para toda la vida o encontrar un punto de unión.

Las palabras bonitas habían desaparecido. Las manos ya no se encontraban juntas y entre ellos, se había abierto una brecha tremenda. ¿Dónde estaba el amor?

En un momento dado, Amalia tomó el camino hacia la salida del local. Adrián, enfadado consigo mismo por no haber valorado antes la situación, decidió acudir a la barra del bar en busca de bebida.

La noche se convirtió en un verdadero torbellino. Cuando se quiso dar cuenta, se encontraba totalmente borracho. Álvaro, amigo de este, al verle en aquella situación decidió acompañarlo a casa.

A la mañana siguiente, con una resaca impresionante, quiso llamar a Amalia. Sin embargo, y pesar de las señales de que estaba en servicio, nadie cogió el aparato.

¿Dónde estaba Amalia? ¿Por qué no le contestaba? No, no tenía respuesta a sus preguntas, así que decidió acudir a la casa de campo en su búsqueda.

Por su parte, Amalia, había decidido adelantar la marcha. Con todo recogido y a punto de montar en el coche, con el que viajaría junto su tío hacia Sevilla, vio a cercarse a Adrián en su motocicleta.

Ya a su lado, Adrián la pidió perdón.

—Lamento de verdad, no haber hablado contigo sobre mí marcha. Sin embargo, no quiero perderte. Te amo y ya estoy sufriendo por la separación. Buscaremos la manera de podernos ver, hasta que nuestros destinos vuelvan a juntarse.

—Adrián, lo siento. Creo, que nuestro enamoramiento ha sido toda una fantasía. He sido feliz a tu lado, pero ahora he visto claro, que ante la prueba que se nos presenta, no estoy preparada. Siempre serás mi mejor amigo y te llevaré en mi corazón. Te deseo, que alcances tus objetivos y seas tremendamente feliz.  

El joven no supo qué decir. Ella había finiquitado una etapa de sus vidas, sin darle otra opción que no fuera la de aceptar su amistad.

Ella se le acercó, le dio un beso en la mejilla y subió al coche. Mientras, este se alejaba, Adrián vio como Amalia agitaba el brazo en señal de despedida. Luego, tomó la motocicleta y regresó a su hogar.

Años más tarde, tuvieron la ocasión para reencontrarse, sin embargo, ambos rechazarían la posibilidad del encuentro.

Adrián, pese a sentirse feliz por haber podido cumplir todos los objetivos propuestos, cuando decidió ir a Madrid, todavía sentía su pesar por no haber acabado en los brazos de Amalia.

Esta por su parte, era feliz por haber superado aquella fase de su vida. Sí, ambos habían triunfado en sus profesiones, pero siempre sufrirían un poso de nostalgia, que de vez en cuando acudiría a enturbiar su felicidad.

 

Publicado la semana 52. 24/12/2018
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