Semana
39
ALBATROS 2705

FUTURO INCIERTO

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Relato
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—Perdona, ¿De quién me dices, que tengo que hablar?

—¿Y quién es ese Miguel?

—A vale. Me estás diciendo, ¿qué este personaje bien podría ser, que fueras tú, yo u otro cualquiera?  Bien, pues vamos allá.

                                                          ***

<<Buenos días, señoras y señores.

Es un placer estar con ustedes, en estas jornadas sobre el futuro que nos espera. Para ello, les traigo a colación un personaje, al que hoy dedicaremos unas palabras. Este, encarna la esencia del ser humano.

Le llamaremos Miguel. Hombre joven, de aproximadamente cuarenta años, que cree tener en sus manos y bajo control su vida, olvidándose del montón de circunstancias que la rodean.

Por su juventud ve la jubilación a siglos de distancia. Proponerle un seguro de vida es materialmente imposible, puesto que nos dirá que, para la muerte aún le queda un largo camino.

Eso sí, en su mente se irán tejiendo unas expectativas encaminadas a soñar, como desearía que fueran sus últimos años de vida. 

¿Pero, este pensamiento es solo de Miguel? La respuesta es que no. Nos vemos en plenitud de facultades, trabajo, dinero, salud y un sinfín de posibilidades, que hacen acrecentar en nuestros pensamientos, la idea de que los problemas y las enfermedades solo son para otros.

Pero la vida es caprichosa y la mayoría de las veces nos tiene reservadas algunas sorpresas. Eso sí, sobre todo, para momentos en los que nada esperamos.

Irán transcurriendo los años y las celebraciones de los cumpleaños se sucederán casi como una rutina. Fiesta, alegría, regalos, comidas…

Miguel irá gastando las energías que tiene, casi sin darse cuenta y así se presentará a la celebración de los sesenta años.

¡Cómo han pasado de rápidos estos años!

Sin embargo, todavía se encuentra ágil y salvo pequeños dolores, su salud le permitirá seguir con su vida. Aunque ha comenzado a notar, que algo se le escapa. Ya no recibe tantas visitas de los amigos. Él, en un primer momento, lo achacó a que todos tenían sus problemas y en parte era verdad.

Luego, comenzarán a llegarle noticias de problemas irresolubles de algunos de ellos. Sí, sí, alguno de aquellos amigos con los que había compartido momentos de alegría, habían emprendido el camino hacia la otra orilla.

La cosa comenzaba a no funcionar. Ya no era una vida plácida en el sentido que lo había sido hasta el momento. Hasta ahora, los problemas no le habían afectado, pero ahora sí que lo hacían y le dolían.

Hasta ese momento, su soltería tampoco le había afectado mucho. Dispuesto siempre a viajar por todo el mundo, había podido compartir momentos íntimos con algunas de sus amigas, que lo acompañaron.

Ellas lo eran todo para él. Sin embargo, ahora, Maite, Carla, Nuria… al haber podido encontrar pareja, ya no estaban disponibles para acudir a su llamada.

¿Qué había pasado?

En realidad, nada. Solo, que aquellas amigas, que un día habían compartido con él momentos de intimidad, superada la fase de ser solo eso, encontraron en su camino alguien con quien compartir su vida.

Miguel comenzó a darse cuenta, qué le comenzaba a envolver una cierta soledad.

Ya jubilado vio que la pensión que le quedaba era justita o sea que no le iba a permitir mantener el ritmo de vida llevado hasta el momento.

Vale, ajustaría sus necesidades y podría con los ahorros que tenía, llevar una vida digna. Pero una cosa son los deseos y otras la realidad. Y esta última se impuso.

Comenzó a tener que acudir a la visita médica en más de una ocasión. Los primeros síntomas de que en cualquier momento todo se podía ir al garete.

Intentó contactar con alguno de los amigos que aún vivían con el ánimo de salir de aquella soledad. Sin embargo, la respuesta que recibió le indicó, que la otra persona se encontraba más o menos en situación parecida.

Poco a poco se fue hundiendo en un pozo de pesimismo. Los gastos le aumentaron de tal manera, que ahora ya le era imposible cubrir la totalidad de ellos con la pensión.

¿Qué podía hacer? Sus pensamientos cada día eran menos positivos. La enfermedad comenzó a pasarle factura y cada día se encontraba menos feliz.

Los servicios sociales fueron avisados de las circunstancias que rodeaban a Miguel. Marina, enfermera de profesión, se personó en el domicilio de este a verificar que la información recibida, fuese la correcta y poder tomar las medidas necesarias. 

Después de media hora de conversar con Miguel, se dio cuenta de que tenía ante ella una persona, cuyo pesimismo la estaba arrojando hacia un terreno un tanto peligroso. La depresión ya estaba haciendo mella en él. A esto se añadía, que Miguel no resultaba convencido de que podían ayudarle, lo que la dejó con mal sabor de boca.

Su informe recogía la posibilidad de que atentara contra su vida, dado el carácter negativo que reflejaba.

Pero ¡oh sorpresa! Las palabras de Marina no cayeron en saco roto.

Miguel, se fue repitiendo una y otra vez, lo que la mujer le había dicho. Sí, se encontraba enfermo y muy deprimido, pero aún estaba vivo.

En la siguiente visita de Marina, Miguel estuvo más comunicativo y receptivo a lo que esta le explicaba. Las opciones, dada su soledad, eran de ingresar en una residencia o compartir la vivienda con alguien. Eso le permitiría no solo compartir los gastos de mantenimiento sino tener compañía.

Fue la propia Marina la que se encargó de hacer las gestiones, para encontrar una persona que estuviese necesitada de vivienda y quisiera vivir con Miguel.

Mireia, una venezolana recién llegada a España y que se encontraba tramitando los papeles, para residir en nuestro país, fue el ángel de la guarda que a Miguel

salvó de su situación.

Como esta no tenía trabajo no podía pagarle un alquiler, sin embargo, llegaron a un acuerdo de que en tanto no lo encontrara, ella cuidaría de la casa y de Miguel. Y así lo hicieron.

Marina hizo el resto. Consiguió de asuntos sociales la ayuda económica que ambos necesitaban, lo demás dependería de ellos.

Seis meses más tarde, Marina recibió el aviso de que Miguel se estaba muriendo.

Cuando fue a visitarlo, recibió de este un encargo. Debía de gestionar con un notario, el traspaso de su piso a Mireia.

Una noche, días después de la firma del testamento, Mireia se acercó a ver, si Miguel necesitaba algo.

Este esbozó una sonrisa. Cogió la mano de la mujer y la besó. Esta se dio cuenta, de que aquel hombre necesitaba de mimos en ese momento. Sin pensárselo, se acostó a su lado, y dejó que el hombre se recostara sobre sus senos.

Él notó la calidez del cuerpo de Mireia, mientras que el suyo perdía para siempre, el hilo sagrado de la vida>>

 

 

 

 

                                                        FIN

Publicado la semana 39. 24/09/2018
Etiquetas
Relatos , En cualquier momento
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