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35
ALBATROS 2705

CARTA DE UNA DESCONOCIDA

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La vida suele darnos de vez en cuando, sorpresas inesperadas. Y eso fue lo que le ocurrió, a Carmen de las Heras. Carmina, como era conocida en los círculos sociales más selectos de la capital, siempre había presumido de tener un esposo fiel y dedicado a ella plenamente.

Semejante afirmación se derrumbó una mañana, en la que preparando una maleta para su esposo, que emprendía un viaje de negocios, encontró en uno de los bolsillos que para documentación tenía esta, una carta.

Tentada estuvo de no leerla, pero la curiosidad pudo con ella al ver lo antigua que era, ya que el papel estaba amarillento. La misiva iba firmada por una tal Marcela de la que ella no había oído hablar nunca.

Mientras, leía el contenido de esta, los nervios fueron aflorando y las lágrimas asomando a sus ojos. Las afirmaciones, que hacía la propietaria del texto, enervaron a Carmina. “Que feliz soy cuando tú estás a mi lado. No querría que los días y las noches se acabaran. Sin embargo, comprendo que quieras marchar, para estar al lado de tu familia”. Rezaba el texto entre otras cosas.

Carmina ya no pudo contener las lágrimas. Su esposo la traicionaba. Así le pagaba su entrega y amor, buscando el placer fuera de ella. Cuando el esposo regresó, se encontró a su mujer llena de ira y rabia.

Cuando esta le expuso los motivos, él se echó a reír.

—Deja de llorar —le dijo —Y luego, continuó.

—Marcela, no es mi amante, como creo que has supuesto. Como ya te conté antes de casarnos, fui adoptado por una buena familia. A mí regreso de Londres, donde estudié, me encontré con que ambos habían enfermado. Poco tiempo después fallecieron, quedándome solo en este mundo.

El hombre hacia esfuerzos para mantenerse sereno al recordar aquella historia.

—Un día mientras pasaba consulta en el hospital, tuve que atender a una mujer que ingresó muy grave, tras recibir una paliza impresionante. Cuando días más tarde ya recuperada, pudo al fin hablar, me contó su historia. Su marido había muerto y ella no pudiendo hacer frente a las deudas de un negocio quebrado, fue reclutada por un proxeneta para atender inicialmente un local. Al final se vio involucrada teniendo que atender a algunos clientes y a resultas de su oposición a ejercer como prostituta, había recibido aquella brutal paliza. Lamentaba no poder contárselo a su hijo, pero este había sido dado en adopción y no lo había vuelto a ver.

De nuevo se detuvo. No sabía como Carmina estaba asimilando aquella historia, pero decidió continuar.

—Sorprendido por coincidencias de datos en el relato, ciudad, fechas, nombre y apellidos del matrimonio, así como la fotografía que hacía de su hijo, me llevó a investigar para localizarlo. No tardé en darme cuenta, que la mujer que tenía delante mío era mi madre biológica. Cuando se lo dije, la mujer sufrió un desmayo por la emoción. Una vez recuperada, me suplicó no le dijese a nadie quien era. Pero, yo no la podía dejar desamparada, así que contacté con los equipos sociales de la clínica y estos me facilitaron una residencia, a la que acudía con frecuencia para verla.

Lo que has encontrado, es la última carta que me dirigió, pocos días antes de morir. Siento haberte tenido que ocultar su presencia, pero era su deseo. Como ves Carmina, todo tiene una explicación.

La mujer no se cansaría durante años, de pedir perdón por la desconfianza.

Publicado la semana 35. 27/08/2018
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