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CONFESIONES DE UN CADÁVER

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"Me lo temía. Hacía ya tiempo, que sospechaba que moriría antes del clásico. Ya es marranada. Pero de que sirve quejarse.

Por un lado, se ha acabado esta maldita vida, en la que nos enga­ñan como a pardillos. Me explico: cuando tienes cinco años te co­mienzan a decir que todo lo que pides y deseas, solo lo podrás ob­tener cuando seas mayor. La verdad es que nunca nos dicen, la edad en que uno será considerado mayor.

Cuando tienes catorce años y te comienzan a salir planes, resulta que solo los podrás poner en práctica cuando cumplas los dieciocho años; esta es la considerada mayoría de edad.

Sin embargo, cuando cumples dieciocho años, después de mamar­te en la fiesta de celebración de tan digno escalafón, te das cuenta de que todo es una mierda.

Quieres comprar, salir, viajar, trasnochar, pero te falta lo principal: la pasta. Sin ella eres un pardillo que se aburre como las ostras.

Vas pasando la vida como puedes, engañándote con el sueño de que algún día te tocará la lotería o la primitiva. Y así, entre sueños, llegas hasta casi los treinta tacos. ¡Madre mía! ¡Como han corrido los años! y tú ante tan nefasto acontecimiento, decides que debes casarte. Piensas que siendo dos, será más fácil alcanzar algunos objetivos. ¡Santa inocencia!    

Los primeros tiempos entre arrumacos, besos, abrazos y algún leve revolcón, soñarás que ya has alcanzado el eterno paraíso. Aún no se ha hecho presente la vida en común de cada día, y ya tienes confeccionada la marcha nupcial.

Los preparativos de la boda suponen un desgaste económico y físi­co. Muebles, electrodomésticos, ropa, contratación de hoteles, y un largo etc.

Acabada la ceremonia y ya de regreso del viaje de bodas, comienza la vida en común, con lo que eso significa. Algunos lo ven como la rotura de las hostilidades. 

La mujer quiere ir al cine a ver al galán de turno, mientras que el caballero por cortesía no discute y asiste impertérrito a dicha se­sión. Más tarde, esta historia se repite y el esposo, temiéndose con­vertir en un seguidor de un actor masculino, (cuando las féminas están de mejor ver) echa en cara a la mujer, que no tenga la opor­tunidad de decidir.

Mal asunto; las lágrimas acuden a los ojos de la mujer que, con voz compungida, te preguntará: << ¿Es que ya no me quieres?>>

Pero no, no todo acaba aquí. Llegan los hijos y los problemas se retroalimentan.

-Cariño, el niño llora. ¿Podrías cambiarlo?... Amor no he dormido, quédate un rato con el peque. …Pepe...

El paraíso, se va volviendo un lugar con demasiadas llamas. Podría decirse que, en algunos casos, se parece más al infierno que nos presenta Dante en su obra, La Divina Comedia.

Ahora que ya he traspasado esta vida conocida, rumbo al futuro de la eternidad, me queda la duda de si encontraré recompensa alguna por todo lo sufrido. Aunque en mi caso, llevo algo de ventaja, ya que soy soltero y sin compromiso alguno". 

 

 

 

 

Publicado la semana 31. 30/07/2018
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Relatos , En cualquier momento
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