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ALBATROS 2705

CHICOS COMIEN UVAS Y MELÓN (Cuadro de Murillo)

Corría el año 1645. En la pequeña barriada de “La Rubia” en la ciudad de Valladolid, vivía Manolo conocido por todos como “El Tuerto”. Apodo, que recibía a causa de la pérdida de visión en uno de sus ojos, durante una batalla callejera.

Este, mientras miraba a través de un ventanuco, el cercado próximo a la vivienda que ocupaba, vio a dos chicos que él dio por supuesto que eran amigos. 

Ambos compartían una tarde de melón y uvas. A la puerta de un chamizo, los dos harapientos estaban sentados uno en el suelo y el otro en un banquillo. Al tener los pies descalzos, Manolo apreció la suciedad de los mismos así, como que sus camisetas estaban hechas girones.

Sin embargo, el hombre, contempló como aquellos rapazuelos, se miraban la mar de felices comiendo aquellas frutas.

Esto le llevó a preguntarse, ¿Qué es lo que les produce la felicidad que transmiten? Encontrar la respuesta, le llevó un rato más.

La vida de aquellos dos mocosos estaba siendo compensada aquella tarde, al poder colmar el apetito, que seguro en muchos días no habían podido saciar. Esto ya de por sí, era motivo suficiente para arrancar una sonrisa de felicidad. Pero, si además aquel banquete era compartido con el amigo del alma, eso a esa edad resultaba impagable.

Manolo creyó ver un mensaje. Su falta de visión le hacía tener un genio de mil demonios. Ahora, ante esta imagen, se preguntó.

—¿No podría yo alcanzar la misma felicidad?

 

Publicado la semana 3. 15/01/2018
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