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La vida suele darnos de vez en cuando, sorpresas inesperadas. Y eso fue lo que le ocurrió, a Carmen de las Heras. Carmina, como la conocían en los círculos sociales más selectos de la capital, siempre había presumido de tener un esposo fiel y dedicado a ella plenamente.

Semejante afirmación se derrumbó una mañana, en la que preparando una maleta para su esposo, que se iba de viaje, encontró en uno de los bolsillos para la documentación una carta.

Tentada estuvo de no leerla, pero la curiosidad pudo con ella, al ver lo antigua que era (el papel estaba amarillento). La misma estaba firmada por Marcela. Los nervios se la comían mientras leía el contenido de esta.

Las afirmaciones, que hacía la propietaria del texto, enervaron a Carmina. “Que feliz soy cuando tú estás a mi lado. No querría que los días y las noches se acabaran. Sin embargo, comprendo que quieras marchar, para estar al lado de tu familia”. Rezaba el texto entre otras cosas.

Carmina no pudo contener las lágrimas. Su esposo la traicionaba. Así le pagaba su entrega y amor, buscando el placer fuera de ella. Cuando el esposo regresó, se encontró a su mujer llena de ira y rabia.

Cuando esta le expuso los motivos, él se echó a reír.

—Deja de llorar —le dijo —Y luego, continuó.

—Marcela, no es mi amante, como creo que has supuesto. Como ya sabes, fui adoptado por una familia y esta es una carta de mi madre biológica, pocos días antes de morir. Logré averiguar donde vivía y tuvimos unos encuentros, que todos desconocen. Ella no quería que lo supiese nadie, debido a su profesión. Era prostituta. Como ves Carmina, todo tiene una explicación.

La mujer no se cansaría durante años, de pedir perdón por la desconfianza.

Publicado la semana 19. 07/05/2018
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