28
ALBATROS 2705

MORIR, NO ES LA SOLUCIÓN

Cuando a las siete de la mañana de aquel miércoles sonó el despertador, Isidro rehusó hacerse el remolón como lo hubiese hecho cualquier otro día. Hoy no podía hacerlo.

     Con una energía que hacía mucho tiempo no había disfrutado, salto de la cama, recordando las noticias que el día anterior había recibido.

     Llevaba cuatro años en el bufete y el señor Mc Daniels le había confirmado su ascenso a socio dentro del mismo. Lo que era para él toda una alegría y satisfacción.

     Tomó una ducha rápida y una vez vestido se dirigió a la cocina donde Aurora, su asistenta, le había dejado preparado un pequeño desayuno.

     Luego, cartera en mano y cantando como si fuese un colegial, se dirigió al coche para recorrer los quince kilómetros que le separaban de su oficina.

     Con una amplia sonrisa subió en el ascensor hasta la quinta planta donde ya le esperaba su jefe para presentarle a los otros socios. Realmente había trabajado duro aquellos cuatro años. Era un éxito realmente merecido y el esfuerzo había merecido la pena.

     Después de saludar y ser saludado por los otros componentes de la cúpula del bufete, compartió con ellos los primeros momentos de la carrera vertiginosa que había emprendido.

     Deseaba poder hablar con Mónica. Previamente la noche anterior le había comunicado,  que tenía una noticia bomba que contarla.

     Pero, todos querían tener unas palabras con él, sobre todo, para invitarle a seguir en aquella línea emprendida de buenos resultados.

     Por fin, sus nuevos colegas se fueron despidiendo y él asumió que disponía de un tiempo para quedar con la mujer que le haría inmensamente feliz.

     La llamó, pero saltó el contestador de su móvil. Bueno, no era para preocuparse. Mónica era arquitecta y seguramente estaría visitando alguna obra. Decidió dejarlo para más tarde y sentado en su despacho comenzó a dar las primeras instrucciones a la que sería a partir de aquel momento su secretaria.

     La mujer era una veterana y conocía todas las triquiñuelas como el mejor de los abogados, y en eso residía su fuerza. Así, que se dispuso a organizar la agenda de su jefe para los siguientes días. 

     Al mediodía volvió a llamar a Mónica. Nuevamente el contestador saltó y esta vez sí que le dejó mensaje.

     —Mónica, cariño. Antes ya te he llamado, aunque no te he dejado mensaje. Dime cuando podemos vernos.  

     Hacia el mediodía salió a un restaurante cercano para comer. Tomó el menú del día y regresó al acabar de nuevo al despacho.

     Cornelia, su secretaria, le había dejado la agenda para los siguientes días de la semana. Eso sí, no se había olvidado de dejarle tiempo para comer y para las reuniones con los colaboradores.

     El teléfono sonó y él alegró su cara, que había decaído un poco ante la falta de noticias de Mónica.

     —Isidro al habla.

     —Hola, amor. Lo siento he estado muy ocupada cerrando una obra. ¿Cenamos?

     —De acuerdo. ¿Paso a buscarte por tu casa a las siete?

     —Vale. Procuraré estar preparada.

     —Hasta luego.

     A pesar de notar en su estómago cierto cosquilleo, que no sabía muy bien a qué achacarlo, se sintió de nuevo alegre. 

     Comenzó a recoger los documentos más confidenciales y los introdujo en la caja fuerte con que contaba el despacho. Apagó las luces y se despidió de la secretaria de recepción. Sus otros colegas, hacía ya rato habían tomado el camino de sus casas.

     Minutos antes de la hora que había quedado con Mónica ya estaba ante su casa. Esta tardó en abrirle, pero cuando lo hizo, le recibió con una entusiasta sonrisa.

     Isidro se relajó. Su cosquilleo había desaparecido y pensó que era el momento justo de disfrutar de una velada romántica, con la mujer de su vida.

     Acudieron a un afamado restaurante de la ciudad. Enseguida fue saludado por el maître que acto seguido los acompañó a una zona en la que podrían disfrutar de cierta intimidad.

     —¿Qué me tenías que contar con tanta premura? —Dijo ella tan pronto quedaron solos.

     —Verás. Ayer Mc Daniels me comunicó que pasaba a ser el socio más joven en ocupar este cargo en la empresa. Y esta mañana he sido presentado como tal al resto de socios.

     —Pero ¿Qué buena noticia? Te lo mereces. Has trabajado muy duro y la recompensa no podía tardar.

     Acercó su mano a la de Isidro, mientras le lanzaba un beso desde su sitio. Él esperaba algo más. Sin embargo, lo achacó a estar en un lugar público que ella no se mostrase más dulce. Y sin más se dispuso a alejar cualquier pensamiento negativo.

     Pidieron la cena, y conversaron como novios que eran. Hablaron de futuros proyectos en común, como organizar sus vacaciones, etc.

          Luego, mientras regresaban a casa, Isidro soñaba con tener entre sus brazos el cuerpo de aquella mujer. Sin embargo, sufrió una decepción.

     Ella estaba cansada y alegó que el vino de la cena le había dado dolor de cabeza. Él, solícito, aceptó de buen grado la disculpa, que suponía posponer la celebración de su éxito con una buena sesión de sexo.

     Regresó a su casa. Su alegría había desaparecido. Sí, lo entendía. Pero, no dejaba de ser un contratiempo con el que no contaba.

     Los días posteriores, hubo momentos de todo. Tan pronto parecía que la había recuperado como que ella desaparecía y estaba ilocalizable durante casi toda la jornada.

     Isidro, enfrascado con su nueva responsabilidad, enseguida encontraba un motivo por el que Mónica no estuviese accesible.

     La mañana del quince de mayo, al entrar en el despacho se encontró con una nota de su secretaria. En ella, esta se lamentaba de no poder estar en el despacho en día tan señalado. Entonces se acordó. Era el día de su cumpleaños y se dio cuenta de que no había preparado nada.

     Enseguida se puso a localizar un local donde celebrarlo y de paso invitar a todos aquellos amigos y compañeros que le gustaría tener a su lado en aquella celebración.

     Mandó un mensaje a Mónica, dándole la dirección del lugar en el que debían encontrarse.

     Hacia el mediodía se dio cuenta de que esta no había contestado a su correo. Intentó contactar con ella, pero de nuevo saltó el contestado de su móvil. No lo entendía.

     No pudo más. Telefoneó a la empresa para la que trabajaba y allí le dijeron que Mónica había pedido el día libre. Las preguntas comenzaron a atosigarle. ¿Qué pasaba? ¿Dónde estaba? Y de manera irritable le surgió otra ¿Y con quién?

     Nuevamente el cosquilleo del estómago apareció y detectó que aquel era un mal síntoma.

     Cerró el despacho y acudió al domicilio de Mónica. Al llegar descubrió un vehículo a la puerta de la casa, que enseguida reconoció. Era el vehículo de Mc Daniels. ¿Qué hacia este allí?

     No había bajado aún del coche cuando la puerta se abrió y su jefe acompañado de Mónica estaban en la puerta despidiéndose efusivamente.

     La ira se apoderó de él. ¿Durante cuánto tiempo, Mónica le había estado traicionando?

     No tenía respuesta y tal vez no quería saberlo. Inclusive se llegó a preguntar si su ascenso tenía algo que ver con lo que se imaginaba.

     Las preguntas iban una detrás de otra y parecía que por momentos iba a enloquecer.      Comenzó a llorar. Toda su alegría había quedado consumida en el momento mismo en que los vio besarse. No cabía pedir explicaciones. Puso el coche en marcha y poco a poco este comenzó a superar la velocidad permitida.

     Las ruedas chirriaban en cada curva. Las lágrimas entorpecían su mirada de la carretera. Pronto estaría en la zona de los acantilados. No había remedio todo había terminado para él.

     Consumido por el dolor y la rabia, dirigió el vehículo hacia el precipicio. Sin embargo, no pudo ejecutar lo que había pensado ya que, en el último segundo de aquella desenfrenada carrera, abrió la puerta y saltó al vacío. El coche sin control cayó por el acantilado.

     Su cuerpo lleno de heridas, causadas por el impacto contra la tierra, le llevó a pensar en lo que había estado a punto de cometer. Sí, estaba vivo y podría rehacer su vida. El dolor físico, pero también el emocional, le llevaron a llorar como jamás antes lo había hecho.     

 

 

Publicado la semana 184. 05/07/2021
Etiquetas
Relatos , En cualquier momento
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
IV
Semana
28
Ranking
0 33 0