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ALBATROS 2705

LA ÚLTIMA CARTA A OLVIDO

Los restos mortuorios de Juan ya estaban en la sepultura. Elena, su hermana, bajo la intensa lluvia que caía, recibía el pésame de los escasos asistentes al acto. La última persona que había llegado al cementerio se acercó a ella.

     —Te acompaño en el sentimiento, Elena —Le dijo entre lágrimas. 

     —Gracias, Olvido —Reconociendo en ella al amor de su hermano.

     Esta hizo ademán de marchar cuando oyó que le decían.

     —Olvido, espera no marches.

     La mujer se apartó a un lado, para dejar que los asistentes terminaran de pasar y esperó. Olvido ya no era la joven delgada, pálida, de estatura media, de ojos negros y serenos, que un día conociera el finado. El anuncio del fallecimiento de Juan la había cogido de camino de regreso a Madrid.

     Todos los planes previstos de aquel viaje se habían acabado en el momento mismo de la noticia. Juan había sufrido un infarto súbito y no habían podido recuperarlo.

     La despedida del duelo acabó y Elena se acercó a Olvido y la besó.

     —Gracias por venir. Él habría estado muy contento con tu llegada. Pero, te he hecho esperar porque tengo que darte unos sobres que él guardaba en casa. ¿Puedes acompañarme?

     Olivia aceptó.

     El chofer, que esperaba a las puertas del cementerio, las condujo hasta la que había sido la casa de Juan. Elena invitó a Olvido a entrar. Después acudió al despacho de su hermano fallecido donde recogió una caja. Sentadas ambas en el salón, le hizo entrega de esta a Olvido.

     —Esto estaba a tu nombre. No sé lo que contiene.

     Olvido abrió la caja y se encontró con un montón de sobres a su nombre. Todos contenían un escrito. Le llamó la atención, que solo uno de aquellos sobre fuese de color amarillo. Y fue este el que abrió. Enseguida, sus ojos se llenaron de lágrimas al leer sus primeras palabras:

     Amada mía:

     Los años han ido pasando por mi vida, sin que en ningún momento haya disminuido el amor que te profeso. Tú dirás, que un poco tarde y tienes toda la razón.

     Como disculpa te diré, que en aquellos tiempos en los que nos enamoramos, yo no tenía ni oficio ni beneficio que poderte ofrecer. Solo mi cariño, y este me parecía poco para ti.

     Luego, las cosas se precipitaron. Tú fuiste obligada a casarte con Adrián y a viajar a Brasil para encontrarte con él.

     Recuerdo como si fuese hoy, tú aparición en Barcelona para despedirte de mí. Me sorprendiste, ya lo ves. Tras dos años sin vernos, viniste en mí busca y me volviste a entregar los besos de enamorada como si no estuvieses casada.

     Pasamos unos días inolvidables, llenos de besos y abrazos que en más de una ocasión nos llevaban a ir a más, y eso fue lo que ocurrió. El día antes de embarcar te entregaste en cuerpo y alma dándome aquello que tanto deseaba.

     Hoy creo, que tú esperabas que te pidiera que te quedaras conmigo. Pero como siempre el miedo me atenazó y en ese momento no quise reconocer que te amaba más que a mi vida.

     Gozamos lo indecible y ese recuerdo no he podido superarlo, puesto que al marchar perdí para siempre la oportunidad de tenerte.

     Al día siguiente te acompañé hasta el barco que te alejaría de mí para siempre. Y fue ahí cuando al verte subir las escaleras que te conducían a cubierta acababan con un sueño dorado.

     Si algún día, esta caja llega a tus manos, encontrarás la cantidad de cartas que en los momentos de dolor te he escrito y que al no tener una dirección tuya no he podido enviarte.

     Ahora, que estoy dando los últimos pasos por este mundo, no he dejado de recordar que has sido el gran amor de mi vida. Un amor oculto a los demás, pero sin secretos, pues ambos sabíamos a pesar de no reconocerlo, que la vida nos obligaría a seguir otros caminos, sin negar por eso que nos queríamos más allá de esta.

     No sé si alguna vez podrás leer estas letras, pero si lo hicieras, te ruego no llores mi ausencia. He sido feliz recordándote en aquella tarde, que perdiendo todos los temores que nos frenaban, supimos gozar del amor de forma generosa. Y por ello te he de dar las gracias.

     Por siempre amor. Juan  

     Las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas. Olvido, pasó la carta a Elena para que pudiera leerla. Cuando esta terminó, ambas se abrazaron para llorar por el ausente.

     Sin duda alguna, Juan las había amado. A ella como hermana y a Olvido como su amor de juventud, a pesar de no tener posibilidad alguna de consumar nuevamente su entrega. 

     A Olvido, ahora solo le quedaría el recuerdo de aquella tarde en Barcelona.

Publicado la semana 146. 12/10/2020
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