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ALBATROS 2705

CARTA A CAROLINA

Amada mía:

     Los años han ido pasando por mi vida, sin que en ningún momento haya disminuido el amor que te profeso. Tú dirás, que un poco tarde y tienes toda la razón.

     Como disculpa te diré, que en aquellos tiempos en los que nos enamoramos, yo no tenía ni oficio ni beneficio que poderte ofrecer. Solo mi cariño, y este me parecía poco para ti. Luego, las cosas se precipitaron. Tú fuiste obligada a casarte con Adrián y a viajar a Brasil para encontrarte con él.

     Recuerdo como si fuese hoy, tú aparición en Barcelona para despedirte de mí. Me sorprendiste, ya lo ves. Tras dos años sin vernos, viniste en mí busca y me volviste a entregar los besos de enamorada como si no estuvieses casada.

     Pasamos unos días inolvidables, llenos de besos y abrazos que en más de una ocasión nos llevaban a ir a más, y eso fue lo que ocurrió. El día antes de embarcar te entregaste en cuerpo y alma dándome aquello que tanto deseaba.

     Hoy creo, que tú esperabas que te pidiera que te quedaras conmigo. Pero como siempre el miedo me atenazó y en ese momento no quise reconocer que te amaba más que a mi vida. Gozamos lo indecible y ese recuerdo no he podido superarlo, puesto que al marchar perdí para siempre la oportunidad de tenerte.

     Al día siguiente te acompañé hasta el barco que te alejaría de mí para siempre. Y fue ahí cuando al verte subir las escaleras que te conducían a cubierta acababan con un sueño dorado.

     Si algún día, esta caja llega a tus manos, encontrarás la cantidad de cartas que en los momentos de dolor te he escrito y que al no tener una dirección tuya no he podido enviarte.

     Ahora, que estoy dando los últimos pasos por este mundo, no he dejado de recordar que has sido el gran amor de mi vida. Un amor oculto a los demás, pero sin secretos, pues ambos sabíamos a pesar de no reconocerlo, que la vida nos obligaría a seguir otros caminos, sin negar por eso que nos queríamos más allá de esta.

     No sé si alguna vez podrás leer estas letras, pero si lo hicieras, te ruego no llores mi ausencia. He sido feliz recordándote en aquella tarde, que perdiendo todos los temores que nos frenaban, supimos gozar del amor de forma generosa. Y por ello te he de dar las gracias.

     Por siempre amor. Juan   

Publicado la semana 134. 20/07/2020
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