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ALBATROS 2705

KAMENI

Kameni, era un joven congoleño, que había llegado al barrio de La Mina, después de más de seis meses en un centro de acogida. Una vez fuera de este, dieron comienzo sus problemas.

Sin trabajo y sin recursos, se dedicaba a recoger del conteiner de la basura, metales y cartones, con los que medianamente se sostenía. Vivía con otros refugiados en la Colonia Mateo.

Pero eso no duraría mucho, ya que por Samuel compañero de penurias, encontró un trabajo que le proporcionaba unos ingresos mayores. Eso sí, tal como le dijo éste, no debía de preguntar, sólo transportar los paquetes que le dieran.

Después de meses cumpliendo estrictamente con lo pactado, sufrió un percance que le costaría poder pagar.

Aquel día había recibido un aviso para trasladar un paquete de gran importancia, como le dijeron, y entregar en un chalet de Castelldefels. Estaba llegando al lugar, cuando fue asaltado por tres personas, que le golpearon hasta dejarle casi muerto.

Al no poder denunciar el robo, se presentó ante la persona que le había facilitado el paquete. A pesar de estar ensangrentado, le comunicó la pérdida del envío, y supo que aquello le proporcionaría consecuencias. Aun así, recibió de nuevo un encargo.

Después de varias llamadas al timbre del chalet, nadie respondía. Al apoyar un momento el paquete en la puerta, vio que esta estaba abierta. Terminó por abrirla.

Hasta él llegaba un olor fuerte, que no supo discernir. Entró.

—¡Oiga! Hay alguien —Gritó

El silencio era absoluto. Al llegar a una de las habitaciones, lo que vio le hizo retroceder como si hubiese visto al demonio. Sobre la linda alfombra persa, había el cuerpo de un hombre, que estaba semidesnudo y ensangrentado.

Comenzó a sudar y sus pulsaciones aumentaron de manera descontrolada. La cabeza le daba vueltas y un dolor intenso sobre el pecho le aprisionaba. Sentía que se ahogaba.

El joven pensó que, si ahora le sorprendía la policía o alguien le descubría allí, sería acusado sin remedio, de todo lo que en aquel lugar había sucedido.

De pronto, se desvaneció. Cuando horas más tarde los servicios de emergencia por fuga de gas se personaron en el lugar, descubrieron el cadáver de dos personas.

Siguiendo con sus pesquisas llegaron a la conclusión, de que el cadáver del propietario de la vivienda, había sido acuchillado por una persona diferente a la que había a su lado. A éste, según determinó el forense, la muerte le había sido causada por un infarto.

Sin embargo, la sorpresa vino, cuando dieron apertura al paquete. En su interior sólo había cuatro piedras grandes.  

El misterio lo aclaró Samuel que, al enterarse de lo ocurrido, manifestó a la policía todo lo que sabía. Esto, permitió al comisario llegar a la conclusión, de que había sido un acto de venganza por la pérdida del primer paquete.

 

 

 

Publicado la semana 116. 16/03/2020
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