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ALBATROS 2705

AMALIA Y LA NAVIDAD

Las puertas de la prisión de mujeres se abrieron, para dejarla salir. Amalia esbozó una sonrisa a las funcionarias, que con cierta indolencia la miraban. Con paso firme, comenzó a alejarse del lugar en el que había permanecido, aquellos cinco largos años.

La directora del centro le proporcionó una dirección, donde podría alojarse durante un mes, tiempo en el que debía encontrar su camino. No iba a ser fácil. Sin embargo, estaba dispuesta a no delinquir, para evitar perder de nuevo la libertad.

Las luces que adornaban las calles, le recordaron lo próxima que estaba la Navidad. En esta época las gentes intentaban tener el corazón más preparado para ayudar, aunque el resto del año no resultase así.

En su caminar se encontró con una anciana, a la que el peso de los años, no le permitía arrastrar el carro de la compra. Se dijo, que su nuevo destino podía esperar, así que decidió preguntar a la anciana.

—Buena mujer, me deja que la ayude.

—Como no… yo no puedo más.

No solo la acompañó hasta el portal de su casa, sino que Amalia le subió el carro hasta su piso. Comenzaba a despedirse de la anciana cuando esta le preguntó.

—¿Te gustaría quedarte? No puedo ofrecerte mucho, solo techo y alimento.  

Amalia aceptó y al hacerlo, no pensó en ella. Aquella mujer necesitaba, que alguien la cuidara y ella se sintió necesaria.

El tiempo pasó y la anciana enfermó. La trasladaron al hospital y Amalia no se separó ni un momento de la cabecera de su cama.

Una tarde, que la anciana se encontraba muy fatigada, cogió las manos de Amalia y la dijo:

—Coge papel y lápiz —Cuando la mujer vio que esta estaba preparada, le facilitó un número de teléfono y luego continuó —Amalia, las cosas se están poniendo mal para mí, pero no sufras. Si a mí me pasase algo, telefonea de inmediato a ese número y habla con don Pablo. Él se encargará de todo incluida tú.

Y así resultó. En la madrugada fallecía aquella anciana que había encontrado en su camino al salir de la cárcel.

La sorpresa le vino días después del entierro, cuando don Pablo la citó en su despacho.

—Amalia, tengo buenas noticias para usted. Carmen le ha hecho heredera de su pequeña fortuna. Una vez liquidado todos los impuestos, podrá vivir desahogadamente y en su piso.

No sabía qué decir. Y el notario así lo entendió.

Amalia, una vez de regreso en la casa, no pudo por menos que dedicarse a pensar en lo que había ocurrido. Según ella, había sido un nuevo milagro, debido a la Navidad.

 

Publicado la semana 105. 30/12/2019
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