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LO QUE PUDO SER Y NO FUE

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Un día tras otro, vuelvo a recordar los últimos instantes en los que estuvimos juntos. Sí, ya sé, que aquello ocurrió hace mucho tiempo y que nadie pudo imaginar aquel final.

Tú, Carlos, eras un ingeniero que ibas para lo más alto de la empresa familiar. Yo, simplemente la secretaria de tan apuesto ingeniero. Te enamoraste de mí, casi al momento de verme. Me cortejaste a base de ramos de flores, invitaciones para comer, alguna que otra joya… de manera, que no tuve ninguna opción, sin que la renuncia supusiese perder los privilegios, que a tú lado tenía.

Así, que cuando me quise dar cuenta, estábamos a punto de consumar nuestro matrimonio. Me dispuse a cambiar mis ropas de calle, por las preparadas para aquella noche. Todas blancas y transparentes, que servirían para que tú comenzaras a imaginar, lo que había debajo de ellas. En ese momento, el miedo me atenazó. Tú, esperabas con ilusión aquel momento y yo llena de miedo, comencé a temblar.

Cuando me armé de valor, entré en la habitación. Tú ya te encontrabas sobre la cama. Al verme, te levantaste acercándote a mí, con dos copas de cava previamente preparadas. Después de un breve brindis, diste comienzo al ritual de desnudar a la novia.

Yo te dejé hacer. No sabía que decir y cuando ya te disponías a retirar la última de las piezas de mi ajuar, te detuve.

—Carlos, no puedo seguir engañándote.

—Que dices, Elena —me contestaste un tanto agrio.

—Siento lo que voy a decirte.

Demudado, pero sin sospechar la verdad, tomaste asiento en un sillón.

—Verás. Todo ha ido muy rápido. Desde el primer momento te volcaste tanto en mí, que me olvidé de mis inclinaciones sexuales. Tus obsequios, no hicieron nada más que cegarme ante tanta insistencia. Y luego, ya no encontré el momento de decírtelo, y te aseguro que lo intenté.  

—Me estás diciendo, ¿qué te gustan las mujeres?

—Sí, así es. ¿No lo habías sospechado…?

Te levantaste del sillón todo furioso y abandonaste la habitación dando un portazo.  

Aquello fue el final de todo. Días después, por causa de una remodelación de la empresa, me vi en la calle. Fue tu manera de vengarte. Algunas veces he pensado, que debía haber callado y continuado con la farsa. Pero, es que yo no soy así.  

Por lo que ahora, mis recuerdos sólo sirven, para lamer mis heridas.

 

 

 

Publicado la semana 10. 05/03/2018
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