Semana
08
ALAS DE TRAPO

LA BRUJA DE LA CUARESMA

Género
No ficción
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LA BRUJA DE LA CUARESMA

Costó entrar pero entré, Marina la trabajadora social me la había descrito como una señora siempre enfurruñada, tosca y con la desconfianza de aquellas ancianas que llevan años apartadas de la civilización. Personas a quienes cuesta abrir su casa y mucho más su corazón. Cuando pienso en ella, me la imagino cual la viejecita que saco del lodazal a Xupet[i], delgada con unas piernas que de tan finas parecen a punto de partirse, brazos como las ramas  más flacas de un roble, con unos ojos menudos casi tapados por su nariz de bruja. El toque final era aquel pañuelo con el que recogía su poco pelo y su vocecita semejante al chirriar de una puerta quejambrosa.

Los primeros días me seguía por doquier, no fuera que le robara, me dijo. Con los días me dejo hacer hasta que meses después conseguí que entrara una lavadora por la puerta de la casa. La mala maña del técnico y un suelo desigual, llevaron a que a los pocos días me la encontrara en la cocina con la puerta bien cerrada.

Esa máquina infernal camina – me dijo casi sin voz.

Y era real ya que la dichosa lavadora con el centrifugado iba de un lado a otro de la habitación, vuelta a llamar al técnico y problema solucionado. Los inviernos gélidos del Pla de l’Estany en aquella casa eran de lo peor, ni una chimenea para apaciguar el frio, solo una pequeña placa eléctrica de aquellas estrechas con una tira, cosa extraña cuando yo llegaba a la casa casi siempre estaba encendida. Después supe que el frio era tan intenso que hasta los gatos de la casa habían aprendido a darle al interruptor cuando ella no estaba.

Cada mañana y pese a sus limitaciones, se arrastraba cogida de un palo hasta las cuadras donde Luis, su único hijo ordeñaba las vacas, sentada en una silla controlaba y esperaba.

Es que si no estoy con el, este bordagas[ii] es capaz de dormirse…..

Algo increíble en un señor de unos cuarenta años que no se había separado nunca de las faldas de su madre.

Mercedes fue aceptándome y queriéndome poco a poco y al final mi trabajo como trabajadora familiar se extendió más allá de mis tareas estipuladas. Me encantaba ir buscar la verdura al huerto, rebuscar los nidos donde las gallinas escondían sus huevos y esconderme por unas horas lejos de la civilización. Algunos días compartía con ellos su desayuno el cual siempre se componía de una enorme tortilla de harina, pero lo mejor de todo era la cuaresma, esos días la casa se llenaba de olor de canela, azúcar y limón. Los mejores buñuelos de cuaresma los hacia esta mujer de aspecto de bruja, imagen de la brujita que salvo del cenagal a Xupet.

 

 

[i] Cuento infantil que era el preferido de mis hijas

[ii] Tunante

Publicado la semana 8. 23/02/2018
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