Semana
07
ALAS DE TRAPO

DEPREDADOR NOCTURNO

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Relato
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Estaba allí agazapado en la oscuridad del parquing, como otras noches había estado dando vueltas por el barrio hasta tener la certeza de que nadie seria consciente de su presencia, un rostro más entre cientos de rostros y después la entrada sigilosa a través de la escalera conocida, nadie lo sabría, era su secreto. Por eso esa noche como tenía casi por costumbre, se mantenía expectante hasta que por fin casi entrada la madrugada se escurría entre oscuridad y sombras y subía descalzo uno a uno los peldaños de la escalera.

 

Escuchaba cada sonido, la tele del tercer piso se mantenía con un volumen regular cada noche desde que comenzó su aventura, conocía cada ruido, cada grujir de cada uno de los pisos. En la oscuridad, introducía la empuñadura en el pomo de la ventana, desde que “ellos” se dieron cuenta de sus hurtos eran cada vez más precavidos. Al principio la manecilla se mantenía en su sitio, meses después se encontró que no pudo abrir porque no había manija para abrir y tubo que abortar sus planes con su sucesivo sentimiento de frustración, desde esa noche siempre tiene en cuenta llevar un asidero de repuesto.

 

Una vez traspasada la ventana, se desliza siguiendo el recorrido de la instalación del agua, tubos recubiertos de protección para el frió que facilitan su descenso, es solo un piso en su vida ha recorrido caminos más peligrosos pero a pesar de eso su corazón no para de latir cada vez con mayor prisa cuanto más se acerca a su objetivo. Cuando cae con un golpe seco en el pequeño cubículo la sensación de miedo le recorre el cuerpo pero este se torna en gozo una vez tiene en las manos su botín. Esta vez son solo cuatro, suficientes para lo que esperaba. Desde que “ellos” son conscientes de los robos se lo están poniendo difícil, suerte que la policía ignora estas pequeñas cosas, vamos que por esa menudencia no montaran guardia en su casa y en ese punto el ya sabe quién manda, quien domina.

 

Con su destreza, la subida es mucho más fácil que la bajada. Sube sigilosamente, se desliza y sale a través de la ventana, baja agazapado en la oscuridad de la escalera y sale victorioso por la puerta de entrada, con sus dedos va palpando en los bolsillos su botín: la seda sinuosa de cuatro tangas.

 

Publicado la semana 7. 13/02/2018
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