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ALAS DE TRAPO

EN EL ESPEJO OVALADO

Estoy más que convencida, de que mi obsesión por los espejos ovalados se remonta a aquel día en el que logré ver la imagen de mi mejor amiga Paula reflejada junto a mí en el espejo de la habitación de mi abuela. En aquel momento yo no debía tener más de cuatro años y me pareció normal ver reflejado en el cristal ovalado la imagen de una niña de rizos rubios y ojos claros con rasgos suaves, una pequeña totalmente diferente a como era yo.

El reflejo sonriente de mi amiga, se repetía siempre que yo me situaba ante la lámina transparente, y no tendría nada de inusual si no fuera porque Paula según los mayores no existía ya que era mi amiga imaginaria. Era aquella amiga que mi madre había de tener siempre presente a la hora de poner su plato en la mesa y pobre de ella si se olvidaba porque yo des de muy pequeña ya apuntaba maneras de geniuda.

Poco antes de cumplir los siete años, murió mi abuela justo en la cama que estaba ante el espejo ovalado. Durante meses el miedo me aparto de la habitación, del espejo y de Paula supongo que yo estaba creciendo y bastante tenia aquel año preparándome para hacer mi primera comunión. Solo un día me atreví a cruzar rápidamente la estancia y pude ver como en un suspiro el rostro de Paula ahora si junto al rostro de mi abuela quien me miraba de forma inquisidora, de la misma forma en que me miraba cuando yo había hecho alguna trastada, como es imaginable, durante años no volví a cruzar el umbral de la habitación.

Fueron pasando los años y crecí, ya desde joven tenía una gran afición por los marcos ovalados, tanto si estos sostenían una imagen o un espejo, realmente en lo oval encontraba una belleza mágica que estaba exenta en los objetos cuadrados, no entendía la causa ya que hacía años que Paula dormía en el cajón del olvido casi al igual que la abuela a quien por fin deje de tenerle miedo.

Casi cincuenta años después y como herencia de una de mis tías ha vuelto el antiguo espejo a mis manos, he logrado restaurar el marco apolillado y cubrirlo de un baño de oro antiguo que le da una belleza especial. Con los días he ido averiguando el poder de este espejo mágico que no es otro que conservar la imagen de aquellos que murieron pero que aún se niegan a marchar.

Ahora se, que Paula era la hermana gemela de mi abuela y que murió cayendo al pozo de la casa cuando aún no había cumplido los siete años justo el mismo día en que 65 años después murió la abuela, de ahí, supongo, la mirada inquisidora de esta cuando yo me atreví a romper su intimidad.

Ahora, miro mi rostro en el espejo ovalado y veo en este los rasgos de mi madre a quien con los años día a día voy pareciéndome más. No he llegado a ver su rostro en el espejo, supongo que cuando lo herede ella por fin había podido llegar hacia su luz. De todas formas me siento feliz con mi reflejo ya que cuando veo mi rostro estoy viendo a mi madre reflejada en mí.

Publicado la semana 51. 20/12/2018
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