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ALAS DE TRAPO

PALMIRA

Aun veo tu imagen en el andén de la vieja estación de Córdoba, recuerdo verte junto a Aurora tu hermana mayor esperando ilusionadas aquel expreso procedente de Barcelona, en el que yo tu ahijada ya mayor llegaba con mi hijo a pasar unos días. Y me quedo por siempre la misma imagen pero al revés, tú y Aurora agitando la mano como modo de despedida, poco podía imaginar yo que esa imagen perduraría por siempre en mi retina, fue el último día que os vi a las dos.

Con la distancia que da el devenir de los años, te imagino levantandome en tus brazos y yo sintiendo casi la misma seguridad que sentía en los de mi madre.  Tu que a pesar de tu genio y tu carácter fuiste mi madrina adorada. Palmira fue tu nombre, pero con este tu nombre yo nunca te conocí.

Me veo años más tarde, cuando yo insistente lograba quedarme a DORMIR contigo en la casa de la calle Troya, la noche silenciosa y las dos rezando el rosario, era esta una cuestión insalvable entre el abuelo y tú. Tu padre ateo hasta la médula, tú que si no hubiese sido por su negativa hubieras ingresado como monja en el colegio de La Piedad.  Esa como muchas otras historias familiares, eran cuestiones de las que no se podían hablar y menos con una niña.

Y ahora pienso en tus muñecas heredadas de mis primas, aquellas envidiadas por mí y que reposaban en tu cama, sobre todo recuerdo La vestidita de azul. Y como tú, costurera primorosa eras capaz de dotar de una nueva vida a aquellas muñecas descuidadas que caían en tus manos y que ante mis ojos eran mucho más preciosas que cualquier muñeca nueva. ¿Eran en tus sueños aquellas hijas que nunca tuviste, en unos años donde ser madre soltera era el pecado más grande que una mujer podía cometer?

Andaba siguiendo el tren en la estación de Francia de Barcelona, había visto tu rostro sonriente tras la ventanilla, cuando me besabas sentía tu voz y me llenaba de nostalgia, el sur……eras una bocanada de aire fresco  que llegaba de mi amada Córdoba, las anécdotas que explicabas, tu acento cordobés tan arraigado en ti…..toda tu eras Córdoba, el sur era presente a través de ti.

Recuerdo aquel verano difícil de mi adolescencia, cuando mi madre me envió a la casa de Sánchez Peña junto a ti, tu alegría latente en cada instante, la forma en que sabias acogerme en tu casa, compartiendo conmigo cada rincón. Cuando comiamos aquel salmorejo delicioso o tu pollo en pepitoria (nunca deguste uno más rico que aquel). La horchata de almendras que me hacías ir a buscar a Claudio Marcelo, allí donde el Rubio, es uno de esos gustos irrepetibles que quedaron por siempre impregnados en mí.

Y hoy pienso en aquellas últimas conversaciones telefónicas, en las que a cada momento había de recordarte quien era yo. La sombre del ALZHEIMER insidiosamente se iba infiltrando en tu vida, y tu sola en aquella casa de Fray Albino vivías en el limbo del olvido.

Palmira fue tu nombre, no el que mis primas y yo conocíamos, una parte de aquella historia escondida que un día vislumbraste para mí. Palmira fue tu nombre hasta que cumpliste los 12 años después aquella guerra lo cambio todo hasta aquel nombre que como todo lo que fue importante en tu vida se borró de tu memoria así sin más. Estés donde estés, sabes que yo no te olvido porque eres parte de mi historia, una parte imprescindible en mí.

 

 

 

* Mi madrina fue una de las personas más importantes en mi infancia y en gran parte de mi vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado la semana 47. 25/11/2018
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No ficción
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I
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