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ALAS DE TRAPO

UN GIRO INESPERADO

UN GIRO INESPERADO

Acaban de sortear los campos, Blas como no puede ser de otra forma no deja de correr y de bromear, son un grupo de chicos de entre 13 y 16 años, amigos a pesar de las diferencias entre algunas de sus familias que quedan a las afueras del pueblo, junto al rio para jugar.

  -   Y tu Pepe ¿Cuántas has cazado?

-   Unas ocho, no está la cosa muy generosa,- responde el aludido – parece que no somos los únicos que venimos.

 -  ¿Y tú Ramón?

  -  Pues no sé,  diez o doce…..

-   Joder, es que tienes una suerte…

 

Mientras Ramón pone un poco más de agua en la lata y la coge con sumo cuidado por el alambre que a su vez hace de asa.

   -  Vamos para casa, pues. 

-   Si – responde Ramón- y cuidado con las muchachas que como nos vean con ellas, a ver quién se hecha novia.

-    Madre!!!! Madre!!!!, mira cuantas he cazado hoy, tenemos para darnos un atracón.

 

Mientras Ramón va zarandeando el bote con cuidado para que no salte su preciado tesoro. A diferencia de otros días, no le espera una madre ilusionada por un manjar escaso en aquellos días: ancas de rana.

Vicenta, abraza a su hijo,  siempre su niño, el más pequeño de seis, tres machos y tres hembras. Quince hijos ha parido y de estos  solo han sobrevivido seis, los dos mayores están en la guerra, solo le queda Ramón.

 

Parece mentira, como un pequeño trozo de papel puede darle la vuelta a la vida, así de golpe, de un plumazo. Aquel verano de 1938, las madres rezaban para que no se llevaran a sus hijos, la guerra se estaba perdiendo y se iban avanzando los reemplazos. Ramón tenía dieciséis años cuando aquella mañana fatídica llego a su casa un telegrama, los chicos a partir de esa edad estaban obligados a combatir.

 

Les llamarón la quinta del biberón porque eran solo niños, niños que tuvieron que cambiar sus juegos junto al rio por una fría realidad en la que la vida está en juego.

 

Los Yébenes (Toledo) febrero de 1939, después de unos meses de entrenamiento se encuentran juntos en el frente Pepe, Blas y Ramón. Cubiertos por viejos uniformes que anteriormente acogieron otros cuerpos que ya no están. La ropa es de los muertos, les han dicho, el fusil es de algún muerto….y las botas, y el plato de metal y los cubiertos, todo, todo es de los muertos. Ramón acaba de cumplir diecisiete años y aunque está preparado para morir, tiene miedo tiene un miedo inmenso que no lo deja vivir.

 

Abril de 1939, ya hace días que comentan que la guerra ha terminado pero Pepe , Blas y Ramón aún continúan allí, alguien, no saben muy bien que mando les dice:

-  Podéis marchar, ya no hacéis nada aquí hijos, volver a vuestras casas.

 

Casi 100 kilómetros separan Los Yébenes  de  Membrilla, una semana caminando, a veces de noche, a veces de día en una España oscura plagada de hambre, de miseria y de muertos. Cuando se encuentra con su madre se abrazan, Ramón ya no llora ya no le quedan lágrimas, Vicenta hace que se quite la ropa antes de entrar en la casa, hace que se bañe, lo desparasita, mientras el uniforme que fue de tantos muertos arde fuera en el patio.

Cuando se encuentran los tres amigos tienen poco que explicarse, el silencio se ha apoderado del pueblo, en casi todas las familias hay fusilados o hijos en la cárcel. El miedo, aquel miedo de las trincheras acompañara durante toda su vida a Ramón.

 

 

 

* En homenaje a mi padre quien ademas de combatir con 16 años junto a los republicanos, cuando cumplió 21 años tubo que estar 4 años haciendo el servicio miliar. Y también en homenaje a todos aquellos niños a quienes obligaron a hacerse hombres de la forma más dura y más cruel.

 

 

 

 

 

Publicado la semana 46. 13/11/2018
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