Semana
41
ALAS DE TRAPO

BENDICIÓN DE SAL

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La fiesta de la sal es el pitonazo de salida del verano, pero para Xima que ha vivido su infancia entre tradiciones es mucho más. Sabe que de forma inexorable cada día habrán menos turistas paseando por L’Escala y que pocos restaurantes se mantendrán abiertos, cada verano es lo mismo: la avalancha de turistas que comenzaban su peregrinar a principios de junio y que a mediados de septiembre van desapareciendo.

Xima, sabe que su nombre proviene de Ibiza y que fue un antepasado suyo, antiguo trabajador en las salinas de aquella isla quien un día embarco hacia la península instalándose en l’Escala, así fue como cambió la sal de las salinas por el oficio de salador de anchoas.

Xima continúa la tradición de saladora, la unión con anchoas y sal es algo que muchos escálenses llevan en la sangre: o son pescadores de anchoas o san saladores. A la familia de Xima le toco esta bendición de la que casi todos se sienten orgullosos.

Xima baja a la playa del pueblo, la que conoce casi desde que abrió por primera vez sus ojos, la misma en la que se rebozaba en la arena,  en la que se apilonaban las barcas. Ha visto infinidad de fotos ya que ella es demasiado joven y ese tiempo no llego a vivirlo. En la playa apenas cinco personas paseando es día de tramontana, y si en algún lugar se siente su fuerza es en l’Escala.

Le gustan esos días de quietud en los que solo en viento se hace sentir, su pelo al aire, sus pies descalzos, su falda luchando contra el viento.

Son esos días de final del verano en los que una inmensa sensación de pertenencia la embarga, van marchando los olores de cremas y otros potingues y la playa huele a sal. La misma que Xima roza apenas con su lengua intentando humedecer sus labios, la que envuelve su piel, sus cabellos y sus ropas, ahora realmente la playa vuelve a ser suya.

 

Publicado la semana 41. 11/10/2018
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