Semana
30
ALAS DE TRAPO

COLORES DE AFRICA

Género
No ficción
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Al principio fueron pocos los que se arriesgaban a parar en mi pequeña ciudad, lo oscuro de su piel contrastaba con los tonos azules de nuestro lago. Y en un lugar que años después de haría famoso por uno de sus congéneres disecado en un museo se les recibió con extrañeza y hasta con un poco de miedo.

Pero a mí se me abrió el mundo porque África llego así de golpe, sin avisar a una de las ciudades más clasistas de la Cataluña interior. Y en poco tiempo en los días de mercado podía observar feliz los trajes de colores uniformes junto a vestidos con bordados multicolores. Sus diferentes lenguas, las más comunes eran el mandingo y el sarajule, se entremezclaban con sus monosílabos en catalán o en castellano, porque si de algo podían presumir era de esa facilidad para aprender otros idiomas.

Las mujeres vestían con un porte y una elegancia única, las sarajules solían mostrar en sus rostros tatuajes místicos y a diferencia de las mandingas, mujeres fuertes y robustas, las primeras se mostraban delgadas y con un caminar sinuoso y delicado aún y con sus hijos en la espalda.

Y el lugar se llenó de color, de palabras diferentes, de niños en un lugar donde escaseaban. África cerca de mí, ¿Qué más podía pedir! Del tedio a la alegría, pero ahí no paro mi curiosidad.

El color se cruzó en mi vida cuando tuve la oportunidad de entrar en sus casas, de vivir de cerca sus costumbres, de comer su pollo con salsa de cacahuete con mis dedos compartiendo con una familia un mismo plato. Pero lo mejor de todo eran las tardes, cuando los hombres más libres ellos, se iban a la mezquita o a sus conversaciones en un mundo sin mujeres. Nos solíamos juntar en uno u otro piso allí se bordaba, se compartían historias mientras los niños jugaban.

Con los años algunas se han ido occidentalizando, otras la mayoría, han cambiado sus ropas ya que el Islam procedente de países más del norte les exige más cobertura y seriedad en el vestir y parte de los colores originales se entremezclan lo mismo que la piel de muchos de sus niños de las nuevas generaciones ¡cette la vie!. Aún así siempre los recibiré con los brazos abiertos y estaré abierta a aprender de sus raíces y costumbres que en el fondo son las de todos.

 

Publicado la semana 30. 26/07/2018
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