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28
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Cuando hago una ojeada atrás, cientos de imágenes y gestos se funden con aquel sentimiento de frustración y mi casi seguridad de que la culpa era de ella. La quería con la intensidad de una niña que ha pasado años de hospital idealizándola, mirándola con la seguridad que ella emanaba hacia mí. La había creído pero el milagro de mi redención no se había dado y ahí estaba yo, en plena adolescencia arrastrando mi cojera.

Solo aquellos que son diferentes, en la diferencia que marca una discapacidad, pueden comprender la sensación del rechazo, que tus amigas de siempre no quieran que salgas con ellas porque si tú eres coja puede que a ellas las tomen por tontas y así es muy difícil ligar y tu escondes tu dolor, te sientes sola y aunque la única incondicional sea tu madre, hay algo que no, porque de ella es la culpa.

La desilusión aumenta cuando te enamoras de verdad y aquel a quien amas solo desea tu amistad porque no puede presentar a los suyos una novia que cojea. Y vas sumando y sabes o intuyes que solo tres gotas en un terrón de azúcar marcaron la diferencia entre la novia no coja y tú, dichoso terrón de azúcar ¿Por qué no te lo dio?

 

Mi madre siempre me explicaba la misma versión cuando yo insidiosamente le preguntaba, su respuesta era la misma:

 

-       -  Don Pedro (el medico) me dijo que era peligroso vacunarte, que era más fácil coger la polio con vacuna…..

 

Yo no la creía, durante años creí que era su excusa que no quería asumir ni un ápice de su responsabilidad, porque en nuestro caso a diferencia de muchos hogares españoles de la época, nos podíamos pagar una iguala, podíamos pagar algún especialista y seguro que se podían pagar las diez pesetas que valía la vacuna.

Por una vacuna ¡por una jodida vacuna! Que marcaba la diferencia entre los niños nacidos antes de 1963 y los nacidos después y a mí me tocó la china. Sé que nací sana pero que al igual que 35.000 niños españoles más tuve que arrastrar mi pierna mala y con suerte porque fui de las que tuvimos menos secuelas.

Durante años no la creí no sé si este hecho, el de mi incredulidad y la correspondiente culpabilización hacia ella marcaron de alguna forma nuestra relación de madre e hija, supongo que durante unos años, porque de alguna forma todo lo vivido en el hospital (hecho de la que también la culpaba) marcaron un antes y un después. Ella siempre decía que cuando me dejo en el hospital yo era una niña traviesa pero dulce, mi salida dos años después habían hecho de mí una persona rebelde, exigente y contestona.

 

La seguí culpabilizando cuando decidí quedarme embarazada con solo diecisiete y yo sentía que no respondía a mis necesidades, sin tener en cuenta su gran decepción para una mujer de aquel tiempo. Mi hija seria todo aquello que yo no fui para ella, la amaría intensamente, la comprendería, la escucharía pero sobre todo no dejaría de vacunarla, porque claro yo era mucho más responsable de lo que ella fue……

 

El hecho de tener un marido que me quería en exclusiva tampoco ayudaba, la baja autoestima del maltratador psicológico crece recordando constantemente la diferencia: yo era coja y el a pesar de eso estaba conmigo, punto. Por otro lado este tipo de personas intentan mantenerte alejada de los tuyos, ese fue mi caso, cuando alguien preguntaba porque yo cojeaba el respondía por mí:

 

-      -   Su madre que no la vacuno y encima la llevo a visitar a otra niña con polio (esto último juro que no sé de dónde lo saco)

 

Era una cantinela constante que me alejaba aún más y que me impedía ver que bastante culpable se debía sentir por ella sola.

 

El tiempo pasa, tus hijos crean unos lazos indestructibles con los abuelos y tu dejas ese amor florecer, precisamente porque no quieres que tu historia entorpezca. Mi separación del padre de mis hijos ayudo mucho a resituarlo todo. Mi posterior pareja me enseñó a ver el lado bueno de mi madre ya que la suya lo había abandonado bastantes veces de pequeño. Detalles como el que mi madre al marchar me preparara unos bocadillos y zumos o los múltiples detalles que tenía con nosotros cuando íbamos a su casa para el eran de una inmensa riqueza.

Y se invierten los papeles y un día eres tú la que cuidas de tu madre, la que batallas porque tome su medicación, la que pasa horas hablando sobre miles de cosas que no le explicarías a nadie pero a ella si porque es tu madre, y ya no hay culpas.

 

Siempre digo que todo lo malo tiene su lado bueno y es lo que me paso a mi cuando supe que sufría el Síndrome Post Polio, fue algo que nunca pude compartir con mi madre ya que ella ya vivía en el lado oscuro de la demencia, pero mejor así, no hubiera podido resistir ver ni un ápice de culpabilidad en su rostro.

 

El Síndrome Post Polio lleva por añadidura, en muchos casos, la búsqueda y el encuentro con otros que vivieron casi lo mismo que tu: en otras ciudades, en otros hospitales…..miles de niños no vacunados o vacunados con vacunas en mal estado enfrentándonos solos al dolor de las operaciones y la rehabilitación. En mi caso el dolor de las operaciones era compensado por el rostro amoroso de mi madre que aparecía allí cual milagro para llenarme de atenciones. De las imágenes de felicidad que guardo de mi infancia esas son las mejores. Miles de historias similares o aún más duras si caben, niños que se enfrentaron hasta a treinta operaciones y quince años de hospitalización, niños que caminaban cual robots cubiertos de hierros hasta el cuello. Niños a los que hacían caer para que se levantaran arrastrando sus hierros, niños que se hicieron adultos en un hospital del que nunca saldrían…..Hay de todo pero la constancia, el espíritu de superación y la posterior capacidad de resiliencia parecieron compensarlo todo.

 

En mi búsqueda obtuve respuestas y entre estas respuestas supe que mi madre nunca me mintió, no me vacunaron porque el régimen dictatorial de Franco negó una epidemia que entre 1955 a 1963 (años en los que ya existía la vacuna Salk) se llevó la vida de casi 2.000 niños dejando con secuelas más o menos graves a otros 15.000. En plena disputa entre los militares que controlaban la Dirección General de Sanidad y los falangistas que gestionaban el Seguro Obligatorio de Enfermedad por llevarse el gato al agua de lo que sería la sanidad del país, miles de familias españolas no podían costearse una iguala medica ni tenían sanidad pública y mientras se gastaban millones de pesetas en el gran monumento de Franco (el Valle de los Caídos era construido por los presos republicanos encarcelados) los niños españoles caían como chinches porque el gobierno español no quiso costear el precio de la vacuna no habiendo suficiente con eso se negó la eficacia de la vacuna (corría la voz de que era peligroso ponerla) y se negaba la pandemia.

 

Mi escrito, el de mi culpa traspasada a mi madre que es la misma culpa que ha acompañado durante su vida a miles de niños polio, viene a cuanto a que por fin se están destapando documentos que dan fidelidad a la epidemia de polio y a la falta de pulmones de acero (los médicos habían de decidir que niños vivían y cuales no podían entrar en un pulmón de acero cosa que los condenaba a morir, pero es que la cantidad de pulmones era mínima para tal avalancha de casos), digo que mi escrito viene al caso de ver la respuesta de una compañera polio a quien en su defensa acérrima del régimen (aún hoy en día), le impide ver la parte oscura de nuestra historia que es una parte de la memoria histórica de nuestro país, nos guste o no nos guste Franco y sus secuaces sembraron el terror y llegaron a la cima de los asesinos, por lo que hicieron y por lo que dejaron de hacer…….

 

Me imagino a mi madre, recorriendo el camino de Madrid a Membrilla en la Sepulvedana y dejándome allí en aquel hospital tétrico, veo sin ver el dinero que se ahorraba escrupulosamente de la economía familiar, para poder dar un billete de mil que abriera la puerta del hospital a mi madre fuera del horario de visitas. Y puedo imaginar sus tardes de domingo sin salir, porque en un pueblo de la Mancha profunda no hubiera estado bien visto que ella hubiera salido ni de paseo teniendo a su hija en un hospital a tantos kilómetros de allí. Y con los años puedo sentir su dolor y parte de esa culpa que yo me encargaba de recordarle con cada uno de mis gestos de insolente adolescente.

 

No fue tu culpa mama, tampoco fue la mía……..

 

Publicado la semana 28. 10/07/2018
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