Semana
23
ALAS DE TRAPO

UN PUNTO DE LOCURA

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Relato
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“EL SOL DE OTOÑO”, estaba claro que el lugar no hacia honor a su nombre, cuando cruzabas las puertas de lo que de entrada parecía un cálido lugar te dabas de bruces con muchísimas caras tristes, vidas que no esperan más que el invierno frio que está por venir, compartiendo su tiempo entre partidas de parchís, laminas para colorear y de forma excepcional el bingo de cada viernes. Ya conocían cada historia (o la que cada cual decidía contar) cada gesto, cada ritual, porque la vida en una residencia de ancianos en el fondo es eso: rituales que raramente se rompen, horarios metódicamente calculados por otros más jóvenes que creen conocer al dedillo hasta la más mínima necesidad de un viejo.

 -  ¿Has visto a la nueva educadora? Y ante la negativa pasmosa continua – Pues ya verás lo que nos espera esta parece una bruja peor que las de los cuentos.

La sala permanece en penumbra, las palabras suenan de forma armoniosa, pausadas, tranquilas…..

Esta es tan vaga que nos quiere hacer dormir……- piensan la mayoría.

Aún está presente la humedad de los últimos días de lluvia, María le da a la cuerda en el lado opuesto está Elvira. Alicia salta como loca, pronto se van sumando Carmen, Pilar, Lola y aquella de los tirabuzones ¿quién es? Ah! Sí que es Laura que despiste….Los chicos juegan al balón a veces este se les escapa con furia y las chicas les gritan alguna impertinencia. Paco y Luis como casi siempre han iniciado una pelea absurda. Casilda, la de las pecas empuja con fuerza el columpio donde grita Martita, es tal el jolgorio y alboroto que un vecino que trabaja de noche, sale gritando.

 

-         - ¿Por qué no vais a molestar a vuestros padres?

Unos segundos de silencio y vuelven los gritos, las carreras, las patadas al balón y los saltos a la comba…..

-         Al pasar la barca, me dijo el barquero, las niñas bonitas no pagan dinero…..

Durante meses, nadie en aquel tranquilo barrio llego a comprender la algarabía de cada noche en el parque. Aquel lugar que cada día era un remanso de paz, se transformaba por la noche era cual si un puñado de criaturas jugaran como si en ello les fuera la vida. Ni policías, ni técnicos ambientales, ni la vieja médium que tiraba las cartas, nunca hubo una explicación lógica. De la misma forma en la vieja residencia de ancianos nunca se pudo aclarar el porque de aquella paz que nació de un día para otro, de las sonrisas y aquellas caras de felicidad que irradiaban los ancianos. Este estado natural duró el mismo tiempo que trabajo en el centro la educadora con cara de bruja, un tiempo en el que casi nunca fue necesario dar pastillas para dormir a los ancianos.

Publicado la semana 23. 05/06/2018
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