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ALAS DE TRAPO

POMPAS DE JABÓN

POMPAS DE JABÓN

Aparecía al principio de la primavera, lo recuerdo porque mi fruta preferida, las fresas, ya hacía días que aparecían en la mesa como un ritual a la hora del postre. Supongo que ese es el motivo de que esta fruta este enredada en mi gusto con esa especie de magia. Hablaba una lengua que a mí con mis cuatro años me costaba entender, solo algunas palabras sueltas, la más clara “ragaza” susurraba en mi oído justo en el instante en que comenzaba la magia.

El juego se iniciaba sobre todo el domingo, colocaba en el centro de la plaza un barreño y en sus manos unos lazos inmensos. Y surgían las pompas cual globos transparentes, reflejando miles de colores y estrellas en sus frentes. Era un brujo, todos los niños de mi pequeña ciudad lo sabían menos yo. Yo quien con solo cuatro años ya era capaz de leer y recitar, yo niña responsable que prefería los juegos de mesa antes que salir a la calle a jugar.

La primera vez que lo vi he de reconocer que me embargo una cierta desazón y un poquito de miedo, mientras mis amigas danzaban al son de las pompas yo me mantenía expectante cogida de la falda de mi madre. Y el vino hacia mi, y ayudándome con sumo cuidado puso aquel extraño artilugio en mis manos, y surgió una inmensa pompa y diez y hasta cincuenta sin parar, resplandecientes brillantes formando una corona que subía y parecía arrastrarme.

Aquel día cambio todo, fue pasando mi timidez, los cuentos que leía tomaron otro sentido porque ya los entendía, los poemas no eran solo una unión de palabras con rima sino una caricia al alma cada vez que los leía.

Vino unos cuantos años más, cuatro o cinco creo, después se desvaneció en mi memoria y en el tiempo. Y hoy mi hija lo vuelve a encontrar, aunque algo más viejo yo sé que es el ya que igual que aquel día más de cincuenta pompas danzan a mi alrededor y formando una corona me arrastran.

Publicado la semana 19. 08/05/2018
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