Semana
12
ALAS DE TRAPO

LA PUREZA REFLEJADA EN UNOS ZAPATOS BLANCOS

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Salieron las dos de Girona de forma precipitada, Ana se mantenía callada y con la mirada perdida. Laia iba conduciendo y mirando de reojo la cara angustiada de su amiga.

-Hace ya por lo menos dos años que no vamos – dijo Laia intentando romper el silencio- tanto tiempo lleva  la casa cerrada que seguro que los fantasmas se están aburriendo.

Ana recordó por un instante, las historias que explicaba la familia de su amiga. La vieja casa, situada a las afueras de Ribes de Freser se encontraba cerca del rio en un lugar frió y umbrío, no era extraño que pudieran morar en el todo tipo de entes sobrenaturales pero en este momento eso era lo que menos preocupaba a Ana.

Hacia unos meses que estaba planificada su boda con Manel , estaba justo haciendo las últimas pruebas del vestido de novia y fue en ese momento que los vio: eran unos zapatos blancos con un fruncido de flores. En principio no entendió el porqué de su reacción, pensó que eran los nervios. Pidió por el lavabo a la dependienta y vomito sin dejar de llorar todo lo que tenía en el cuerpo.

Cuando salió del lavabo y mientras la dependienta le ofrecía un vaso de agua, se empezó a hacer la luz. Miles de imágenes mezcladas como un destello en las que se  veía  ella Anita con siete años radiante dos días antes de hacer su primera comunión. Le acababan de comprar unos zapatos blancos casi de niña mayor con una preciosa flor blanca y fue justo en aquel instante en el que apareció él, Antonio su tío preferido.

Tío tengo unos zapatos chulísimos – recuerda que dijo

¿Me los enseñas?   le pregunto el

Y Anita casi lo arrastro a su habitación que estaba al otro lado de la casa. Recuerda las caricias de él, que ella no quería, como el casi un monstruo le quitó la ropa. Recuerda el daño y todo el dolor y que ella  se orino encima y después vomito.

Poco a poco Ana empieza a comprender por qué no soporta aquella mezcla de olor a orín y sudor que siempre la hace vomitar. Cierra los ojos y vuelve a recordar: las amenazas de él y el silencio de ella, las sucesivas veces que volvió a hacérselo en las  que ella callaba sintiéndose culpable. Recuerda los dolores de barriga con los que se despertaba cada mañana y  que le provocaban el vómito casi cada día. Hasta que un día ella le dijo que no, que se lo explicaría todo a sus padres y fue justo a partir de aquel día que el tío Antonio desapareció y Anita pudo encerrar en lo más profundo de ella todo aquel horror.

Sentadas junto al fuego, en la casa de los fantasmas, Ana empieza a hablar mientras gruesas lagrimas resbalan por su cara, le explica a su amiga todo aquello que hasta el momento en el que vio aquellos zapatos había estado escondido dentro muy dentro de su celebro y de todo su ser. Laia la abraza y llora imaginando el horror, comparado con eso no eran nada las historias de miedo que escondía aquella casa. Seguro que aquella noche volverían a chirriar las puertas, sentirían a alguien caminar justo hasta el lado de la cama y respiraría en sus oídos. Pero esos fantasmas ya no importaban, no representaban para ellas ningún peligro. Son mucho peores los fantasmas escondidos en el alma, pensó Laia, aquellos que cuando salen están abriendo rendijas que más adelante permitirán respirar. Pero eso si , mucho más adelante…..

 

Publicado la semana 12. 19/03/2018
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