Semana
11
ALAS DE TRAPO

PASTEL DE CHOCOLATE CON CREMA DE MENTA

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 Caminaban cogidos de la mano persiguiendo un halo de luz que a duras penas iluminaba el camino sinuoso, a ambos lados árboles y arbustos lanzaban sus sombras por doquier. Aina marcaba el camino, Bru  la seguía  algo desconcertado, no acababa de acostumbrarse a las andanzas  con las que solía sorprenderle su chica.

El lugar, escondido junto al lago, estaba ante una pequeña playa de agua dulce. Aina dejo caer su mochila y abriéndola saco un pequeño mantel, con la ayuda de él lo fue extendiendo en el suelo. Después, coloco dos platos de cartón exquisitamente decorados y dos vasos de cristal, Bru, le dio el toque mágico sembrando todo alrededor de pequeñas velas titubeantes. Su amor había estado marcado por la indecisión, para Aina la vida era una aventura y estaba siempre dispuesta a aventurarse en todo lo nuevo que aparecía ante ella, Bru era más tímido, y solía actuar con más cautela, sentía, que el amor de la chica por el le había dado la vuelta a su vida cual calcetín.

Cuando Aina pensó en la cena, tuvo claro que esta había de ser cerca del hechizo del lago, solo había un problema y es que la chica a duras penas sabia cocinar. Así con la ayuda de Agnes, su mejor amiga fue capaz de hacer su primera tortilla de patatas, canapés de paté con compota de manzana, otros con jamón y queso y poco más.

A última hora de la tarde apareció su amiga y confidente con una tartera cerrada, junto a  esta y estratégicamente colocada una fiambrera de vidrio con una crema de una textura excelente.

  - Es un pastel de chocolate, secreto de mi madre, cuando quieras enamorar a un chico te aseguro que no falla.

Lentamente fueron cenando a la luz tenue de las velas, se miraban y no hablaban ¿Dónde se esconden las palabras cuando las almas se acarician y los cuerpos arden de deseo?.

El pastel de chocolate, secreto ahora de dos familias, está compuesto por dos texturas: la de abajo con un toque crujiente, la de arriba suave como un mousse que se va derritiendo de forma sutil en la boca. Pero el toque final está en la crema de menta con la que se baña el trozo de pastel. Crema inglesa con un fondo aromático de menta fresca o hierbabuena que le da al chocolate un toque más que sensual.

 

Veinticinco años después, la “platjeta”[1] no es la misma ya que un vendaval de verano la devasto, el rincón de la primera vez se conserva intacto, lo mismo que la costumbre de escaparse junto con los niños, hijos y ahora hijos de sus hijos en una noche de verano para cenar iluminados por velas y bañarse desnudos en el lago. Desde aquella noche de hechizos sin fin, el pastel de chocolate con crema de menta se ha convertido en el mejor elixir de amor.

 

 

 

[1] Pequeña playa

Publicado la semana 11. 12/03/2018
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