08
Sol

FEBRERO FRÍO

 

Te escribí el pretexto de un abrazo en cafeína antes de tu viaje, pero era yo la que preparaba la partida. Guión aprendido y final predecible. Y aún, ante tus ojos, otro martes como aquel primero, no sabía cómo resolverlo sin sonar demasiado. Demasiado pronto, demasiado intensa, demasiado impaciente.

Quisiera haberlo repetido a viva voz, como cuando dijimos desearnos, -yo que me situé en primera línea de batalla- pero cayó algo que no sé nombrar y bajó el volumen de nuestra atracción, esa que prometía fuego a discreción por signos y piel.

Fueron cuatro semanas sin demandas ni llamadas por escrito, sin invasiones más que de carne una vez en directo, esa no la puedo obviar, la piel tiene memoria de sol y caricias.  Veintiocho días hablando cuando tú me abrías paso y levantabas por unos instantes la barrera de primacía. Cuando dejándome unas pocas palabras en la pantalla, buscaba yo entre tus pulsaciones alguna clase de necesidad de mí.  Tus prioridades nunca abrazaron mi nombre y tampoco lo pretendían. En tu autopista diaria todo me adelantaba sin remedio: el trabajo, el cansancio, el entrenamiento y aún otras personas.


Curiosa tu reflexión en voz alta, al final de la escena del café: si fueras un niño y  nos vieras en una película, no entenderías por qué dos personas no pueden estar juntas cuando quieren estarlo. Yo solo me declaré daltónica emocional, colgada por mensajes del auricular verde, mientras el corazón, maltrecho, latía rebasando velocidad aconsejable.
Publicado la semana 8. 24/02/2017
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