07
Sol

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Hola,
probablemente no me siento capaz de pronunciar esas tres terribles palabras; pistoletazo a una ruptura o cuando mejor a una discusión y por eso, solo me atrevo a escribirte y llenar tu pantalla de mis más cobardes pensamientos. Todas esos miedos que desde hace días me desgarran en tu silencio.  
Es curioso que hace dos semanas te sintiera más cerca cuando estabas en el mismo meridiano del fin del mundo, pais del hielo. Desde el que me confesaste una primera y única vez  que me echabas de menos, desde donde tus frecuencias a mí subían y yo pensaba que tu iceberg empezaba a sufrir grietas. Mi alma descreída quería volver al redil de los fieles creyentes contigo como redentor. Bajé mi escudo, tiré mi espada, y me acerqué a ti con el pecho como defensa, sin más yelmo ni armadura. Di el salto de fe en un compartido fuego sin siquiera calcular provisiones ni resistencia.
Tu pública devoción por mi intensidad rindió mis mangueras y ello no fue más que yesca para mi propio incendio. No se puede ser incendiario y bombero, pero lo sabes, padezco el mal del fuego: no me apago, lo aprendí hace tiempo, solo contenerme, pero jamás extinguirme. Por qué no me crees si te digo que nada a medias me  provoca… Yo quería verte por completo, cuando decido subir a un tren asumo el viaje, a veces desconocido, y que el destino pueda no ser lo esperado, pero quiero arriesgar.
Así que, mientras tus caricias analógicas prendían mis ilusiones en toda una tarde, ya al irte y en tu ausencia, yo volvía a forzar las cenizas para no arder en decepciones. No me diste combustible en más llamadas ni mensajes para seguir teniéndome… en la letra pequeña de nuestro encuentro ya confesabas tu aversión a escribir líneas,  esa es la distancia constante en tus palabras estudiadas y mis escalofríos. Soy funambulista en tu cable de acero.
Pienso mucho en ti y en mi, -casi no me atrevo a pronunciar el ‘nosotros’ que parece haber caído antes de luchar-  y quisiera más de lo que hay ahora, más de lo que me concedes. Seguramente no estoy en posición de demanda alguna, dicen que solo el tiempo puede otorgar derechos, pero, si no me concedes ni tu espacio, ¿cómo voy a moverme dentro de ti, cómo voy a imaginarte, cómo voy a darte la geografía de mi cuerpo, las comisuras del alma, sin conocer tus costuras? Siento que veo lo que anhelo y estoy atada… que doy cabezazos en empeños intentando atrapar sin éxito lo que no se deja coger. En ocasiones te toco, hasta casi te agarro con las pestañas por si, en tus retiradas, se vuelve a hacer oscuro y mi llama parpadea por volver a abrasarnos.
¿Cómo puedo conformarme con una canción al día, breves segundos flotando en el aire, para cerrar la línea que nos sujeta con mensajes hasta el día siguiente? ¿Cómo voy a empaparme de ti poco a poco, conocer tus manías, cómo vas a advertir mis peores momentos si no tienes urgencia de mí? Sí, es cierto, la impaciencia es mi peor defecto, y esa maldita vehemencia que me hace suspirar, también me mata a diario en tu vacío.
No quiero invadir tus costumbres, romper tus horarios, no quiero un todo absoluto contigo. Quisiera inventar una dimensión nuestra, necesitarte para después tenerte, encontrarnos en miradas, quiero penetrar tus locuras y perpetrar tus ansias, conocer tus temores y confesarte qué me rompe. Te quiero en mordiscos y suspiros, en risas mudas, en gritos callados, en diálogos silenciosos, en abrazos intocables, así te quiero conmigo.
Cuando tú, desde tu distante reserva estarás apagando las estufas y chimeneas que podrían mantener unido nuestro calor vital, yo, seguramente en un desesperado plan, hago detonar los puentes que nos separan en un ‘tenemos que hablar’.  

Si quieres añadir algo más, ya sabes dónde encontrarme, crepitando en algún punto entre tu glaciar y mi infierno.
Publicado la semana 7. 21/02/2017
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