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65
Sol

NO WAY

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El pozo me abraza y poco a poco lo empiezo a reconocer como puerto seguro. Curiosamente la melancolía perpetua se convierte en cárcel segura de la que es casi imposible salir; en el fondo, ha estado ahí arropándome con más agua cuando más me ahogaba. De pronto la oscuridad es la mejor luz para mis sombras y un reguero de humedad es el dibujo permanente en mis mejillas.
Esas piedras frías han sido mi yunque flotador desinflado: salvarme queda terminantemente podrido. Por eso creo que el moho hace tiempo se instaló en mis huesos y lo reconozco ya como propio. En un análisis aparecería esa herrumbre imparable como elemento natural de mis componentes y mi sistema inmunológico no lo destruirá porque sería enfermedad auto inmune. No tengo antibiótico ni remedio.

En constante movimiento recorre junto a mi sangre y con más brío, una inquina al ser testigo del nudo de dos manos, del beso de dos bocas, al suceder dos miradas clavadas. Enfadada, rabiosa con la felicidad del mundo, contra mi amargura.
Necesito una estación para subirme a un hombre, para bajarme en sus hombros y asentarme en su pecho, para acomodar mis maletas en sus rodillas. Mirar por sus ventanas y compartir  un paisaje.

No soy buena exploradora y no encuentro parada fértil en el mapa, ni mi brújula indica norte ni hogar ni casa. Creo que confundo la cartomancia con la cartografía en infértiles apuestas que no son más que fantasías que flotan en mi cabeza.
Despliego el plano continuamente por si acaso distinguiera ese punto señalado como refugio, solo quiero una chimenea para mi frío, un árbol en flor para mis vestidos de risas. Pero solo hay piedras y más desierto. No soy capaz de encontrar pasto verde, un arroyo en la leyenda, el camino a unos brazos, una vía férrea que soporte mis lágrimas, las que vuelven barro mi senda a ninguna parte. Escogí mal día para dejar de amar.

Publicado la semana 65. 27/03/2018
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