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59
Sol

(TRANS)FUSIÓN DE MÍ

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Ayer tenía cita en el hospital, por lo visto escasean las reservas de sangre como las de los pantanos. No viene agua, no lloran las nubes.
Anunciaban en los telediarios que tras el período navideño bajaban los niveles y las donaciones, así que me uní a una cuadrilla pensando que sería una bonita acción hacerlo en grupo: como una gran orgía roja de buena voluntad.

No me impresionan las agujas, pero, de pronto hasta ese gesto ahora, me suena a que alguien quiere invadir mi cuerpo traspasando las fronteras de la piel, como una penetración consentida pero en otro sentido. En una se llevan parte de mi ser y en la otra latidos... o al revés.

Mientras me transfundían pensaba en los necesitados que recibirían mi plasma triste, mis leucocitos rancios, mis hematíes pálidos. Pensé que resultaba irónico regalar mi aflicción y mi amargura encarnada en una bolsa que significa vida.
En unos días puede que un hombre y sin saber por qué, sienta escozor de pronto, el que yo sufro recordando aquellas fotos. O quizá puede que, aquella joven con mi líquido dentro, padezca la nostalgia abrumadora... esa de la que es difícil deshacerse. Hasta podría ser que, esa mujer con mi esencia circulando,  incomprensiblemente, rompa a llorar al leer poesía.

Las vueltas de la vida. Quién sabe si alguno de aquellos que me hirieron, necesitaran unas gotas del preciado fluido, y entonces, mi savia, como salvadora universal en positivo, atacara cada uno de sus glóbulos estrangulando su existencia. Antes del final podrían vivir el mismo dolor que me recorrió a mí con sus daños.

Pregunté por si, en alguna sala más discreta, se podían hacer donaciones de sal, tengo guardadas de todas las veces. Las lágrimas siempre encuentran el modo de renovarse y brotar.

Publicado la semana 59. 16/02/2018
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