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Sol

COMIDA (Y DEVORADA)

Será que los jueves es el día de las parejas en el supermercado, es una invasión. Me escabullo sorteando obstáculos y empujo el carrito hasta el pasillo de las pastas para seguir mi compra.

Delante de las salsas veo una pareja aislada del mundo consumidor, entre pesto y beso, envueltos en un abrazo como unos espaguetis al tenedor. Siento un pinchazo de envidia por tal demostración, y mi boca dibuja una imperfecta ‘O’ como de tortellinis… pero aún, como siempre puede ser peor, me siento más miserable con la mirada encendida de él al rostro de su amada, como si contemplara una diosa entre lacitos y espirales. La rabia sube a mis mejillas como tomate triturado sin sofrito donde abocarse. LLoro por dentro como si rayara cebollas, pero intento pasar lo más digna posible.

Otras parejas se toman de las manos, pegadas sin remedio como raviolis a pesar de estar en un sitio público, tendría que estar prohibido. Aún otras, no se alejan demasiado uno del otro ni miran el resto del mundo, como si estuvieran unidos por una especie de tallarina. Mientras cojo el paquete de macarrones me digo que no necesito un hombre y leo en los canutos ‘penne rigate’, lo que me lleva a levantar la vista por si se trata de alguna cámara oculta.

Más adelante, en el pasillo de la fruta paso deprisa, y al vuelo, atrapo una bandeja para solteros: un plátano, dos peras y una manzana… detengo mi carrito observando la irónica y erótica jugarreta del destino. La manzana será por la primera tentación femenina de la historia, sin querer ir más allá, lo de las peras y el plátano me parece hasta de mal gusto del azar dada mi situación.

Ya en la recta final, una pareja discute en la fila de la caja y la mujer en un gesto desesperado se cruza con mi nariz curiosa. Inmediatamente su rictus parece reconocerme en suerte por estar sola, como la única aceituna en un plato. Pero cuando detecta que su hombre desliza un vistazo hacia mi corazón (de alcachofa) con interés, lo reprende del brazo ordenándole depositar… los huevos en la cinta. Sonrío por dentro esta vez, miro mi pecho y pienso que ‘esta pasta todavía está al dente’. Así que de momento, y como no solo de pan vive la mujer, voy a seguir llenándome de un montón más de ingredientes, a mi gusto, como una pizza.
Publicado la semana 5. 26/05/2017
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