Semana
49
Sol

NO VALE MÁS TARDE, MEJOR NUNCA

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Después de dejar recepción atrás y ponerse en un lado del pecho el adhesivo con su nombre, Violeta se dirige hacia el pasillo. Pasan trece minutos de las ocho. “Siempre tarde a todas partes... después de esta, empezaré en ‘impuntuales anónimos’-se dice en voz baja. Entra en la primera sala que ve abierta a la izquierda, es de paredes blancas, fría, con solo unas sillas dispuestas en círculo ocupadas en su mayoría. Un hombre joven está hablando sobre comida, gesticulando como si salivara en ese momento. Otra mujer morena de ojos inquietantes y atractiva, mientras atisba a unos y otros, señala a la recién llegada una silla libre. Violeta se disculpa susurrando y casi corre a sentarse, aunque, con las prisas se da un golpe en la mano contra el tornillo de  un respaldo. Pronto se desuella la piel y se dibuja el corte, en un momento empieza a brotar una linea de sangre justo encima de los dedos.

     -  Hola, me llamo Violeta y llevo seis días sin escribir…

Detiene su alegato, como esperando respuesta, busca en las caras de los presentes, pero en la sala solo hay silencio. Vuelve a retomar su discurso.

     -  … Al principio empezó como algo que me alejaba de la situación en casa. Mis padres discutían mucho, yo era muy joven y tratar de contar por escrito lo que vivía, me hacía sentir bien. Después... fue más una necesidad diaria, en ocasiones perdía la noción del tiempo. He estado días sin mirar la página en blanco, ¡siento que me llama! pero es inútil, siempre necesito volver a hacerlo. En mi familia ya lo saben, no he podido ocultarlo más. Mi marido me recomendó terapia, los niños no lo entienden pero saben que apenas estoy por ellos, solo me ven en el escritorio todo el día prácticamente. Ahora he tocado fondo, necesito curarme y recuperar mi trabajo, mi familia,  los amigos... mi vida.

Violeta casi tiembla desesperada por la confesión. Se hace el silencio más estridente, no hay más comentarios ni invitaciones. Todos los reunidos la observan con más interés, y todos miran de forma extraña a Violeta y su mano, mudos pero ansiosos. Escamada, en uno de los vistazos a la puerta, Violeta puede leer en el letrero en la entrada: Vampiros Anónimos. Alguien se relame y cierra la puerta.
Publicado la semana 49. 08/12/2017
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