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Sol

NO (ME) ROMPAN EN CASO DE INCENDIO

Abro los ojos aún inmóvil y nada de lo dormido es suficiente, ya estoy fantaseando con que caiga la noche de nuevo: es en la oscuridad que me veo mejor. Mañana por la mañana no quiero despertarme para seguir en la inconsciencia que otorga el sueño.
Me pesa cada día arrastrar el cuerpo deshidratado y cansado fuera de la cama, el único lugar seguro. Cada cielo estampado de sol es un reto nuevo que no quiero sortear, demasiado doloroso. Me quema el pecho traspasar la puerta, exponerme como si fuera alguna suerte de vampiro mortal. Notar como estalla la tormenta en la garganta, desde el estómago y empieza a subir a los ojos hasta que llueven.

Nada es más penoso que enfrentarse otra vez a pisar la calle, a exhibirme a la vista de los otros. Los que juzgan, los que miran, en el fondo, todos los que pueden verme.

En realidad, si lo analizo, nada naturalmente afectuoso ni muy apegado me unió a los congéneres con los que crecí, así que, retuve, como en un dique, esa necesidad urgente de abrazar y querer para otros semejantes a los que no me unía ni glóbulos ni parecido.
Aún ahora, me cuesta comprender por qué implantaron en mí esa necesidad vital de querencia correspondida... cuando no me sería concedida. Por qué tropecé con los análogos más crueles que se han asegurado una y otra vez de recordarme que no era válida, por ser tan diferente y no ser igual que el resto, por sentir demasiado, por llorar en exceso, por declarar deseo y vestirme de emoción en un mundo uniforme.
Si esta noche, en medio de las hogueras, ardo con el mundo, no sería una catástrofe.


 
Publicado la semana 25. 26/06/2017
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