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Sol

LLUVIANDO

Caía aquella lluvia infinita y minúscula, silenciosa y en un halo como si cayera harina. La nocturnidad no hace más que agravar los pecados, así que también llovía desconsolado.

Andaba ella indolente por la acera sin paraguas. Sin parapeto alguno dejaba que el agua resbalara desde la frente hasta su barbilla. Lástima de sus labios tan prestos para un beso, hinchados y enrojecidos en un lienzo pálido. Cuando al fin se detuvo en un paso de cebra de nuestra selva urbana, miré dentro de sus ojos contenidos en un río... pero no se afligió más por encontrarse descubierta. Seguían recorriendo sus mejillas, en carrera de fondo, largas gotas amargas.

Destaparse en una fría y lluviosa tarde de enero es el mejor confidente para una pena súbita. Mostrar las lágrimas confundidas entre la tormenta es el mejor disfraz. En su rostro llovía y la noche lloraba.
Publicado la semana 18. 12/05/2017
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