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Sol

HACE TIEMPO QUE NO ME VEN EL PELO (2)

A veces la burocracia funciona bien, y aunque se haga de rogar, llega. Como ya esperaba, mi ecografía también. No, no es que esté embarazada -por quinta vez- no sé por qué la gente tiene la brillante relación, en cuanto anuncio mi prueba ginecológica , de mirarme la barriga y hacerme la terrible pregunta. Por favor suplico que por otro lado tampoco me maldigan las madres entregadas y orgullosas, estoy muy satisfecha y feliz con mi prole, y los quiero como todas, ni más ni menos, pero no quiero engrosar las listas de estadísticas con un vástago más en mi libro de familia.

Ahora que estamos en confianza y a solas, confesaré que la cuestión de la ecografía es porque a pesar de sentirme a menudo sola, no lo estoy. Parece que mis óvulos trabajando se parecen a mí cuando tengo que limpiar los cristales, tienen que hacerlo y lo saben pero no acaban de producir. Es decir, liberan en principio un ovario que finalmente queda atrapado entre la puerta y el camino (como cuando yo me despido de mi madre)  y al final ahí se queda recubierto de una masa  (como cuando yo salgo de casa de mi madre cargada de tuppers)  que no acaba, ni de irse ni de quedarse… y se suspende en un limbo (como cuando decido irme de casa de mi madre y no puedo decir un adiós rotundo, a pesar de no tener que repasar ningún tema más) digamos hormonal.

Esa parece ser la razón de mis menstruaciones irregulares, tardías, sorpresivas y aunque esperadas, inesperadas.  Pues bien, por toda esta información elaborada por dos ginecólogas, creyeron necesario hacer un exhaustivo examen perimetral y directo de los hechos. Espero que no planten banderillas en las pistas de mi útero ni dibujen la silueta de ningún cuerpo más.

De nuevo la visita que tanto desequilibra mi vida monótona y tranquila me sacudió el martes. Escrupulosa depilación, braguitas bonitas y especiales (tontería absoluta puesto que me las tengo que quitar)  sujetador a juego, (segunda tontería porque también examina mis pechos) … a veces parece que tenga una cita en lugar de ir al ginecólogo, creo que no presto tanta atención a los pelos sueltos ni en la tercera cita.

Me dicen en el mostrador que mi ginecóloga no está y me atenderá el Doctor X. Voy a preservar su identidad más por mí que por él. Ufff… ¡un hombre!  y mi cabecita empieza a hablar:

Mi Vocecita: espero que sea viejo y feo. Bueno, no hace falta que sea feo, pero mejor viejo, joder, es que algunos cincuentones me gustan… bueno, pues carente de atractivo alguno y gay.

En solo diez minutos mi nombre nombrado por una enfermera granadita y no por la ciudad (¿hasta qué edad les hacen trabajar?) así que yo presta y veloz entro a consulta.  Me siento y me encuentro cara a cara con un hombre de unos cuarenta años - vamos mal-  pero es que encima es super atractivo -Diosss… ¿no había otro?-  y además amable y seductor hablando -¿¡por qué me pasan a mí estas cosas!?-  

-Vamos a proceder a la prueba, quítate la ropa en el baño, si quieres vaciar puedes hacerlo  y sal solo con la toallita  -menos mal que al menos no es romántico.

Con la ‘toallita’, que es tela de la danza de uno de los siete velos,  no tuve suficiente para tapar todo mi diámetro, es decir o me tapaba delante o detrás. Así que se me ocurrió taparme por los dos lados con sendas ínfimas prendas. Cuando pasé frente al espejo parecía un sandwich de papel de seda. Mano delante y mano detrás salí al despacho, donde agradecí que hubieran apagado las luces para que brillara solo un monitor al lado del potro de tortura tan familiar.

Detectaron unos cuantos entes que no tendrían que estar ocupando zonas vitales en mi cuerpo. Nada peligroso, por lo visto ni siquiera importante, pero, digo yo que cuando me controlen la próxima vez la dieta podrían tener en cuenta que no todo es grasa, que soy como Sigorney Weaver cuando el Alien escoge progenitora y le hace ser ponedora de huevos oficial y madre espacial.
Es decir que, según las medidas transcritas por el médico y explicación posterior, tengo un útero más grande de lo habitual. Pues va a ser eso, no es que esté gorda, es que tengo algunos cuerpos dentro del mío y además que mi útero es además XL, todo eso cuenta a la hora de la báscula, ¿o no?


Creo que a parte de la 'performance sandwich' con la que premié al turno de ginecología esa mañana, lo mejor fue responder a sus preguntas, seguro que la mar de habituales, pero en mi linea con respuestas probablemente no adecuadas.

Palpa mis pechos (él con profesionalidad, aunque personalmente yo prefería otro estilo) . Yo intento poner la mente en blanco y no pensar que un hombre súper atractivo está magreando mis partes femeninas sensibles.

Doctor: ¿... te has notado algún bulto en las exploraciones?

Yo: hummm… no.

Doctor: ¿No te has notado ningún bulto, o no te exploras?

Ahá, ahí hemos llegado, la pregunta que completa todos los quesitos del 'Pictioginecolary'. Si le digo que no me exploro, me reñirá. Si le digo que me exloro, puede pensar que me masturbo... A ver ingenua, ¿es que crees que no lo supone ya? Que no estás robando un banco, ¡estás disfrutando de tu cuerpo! Claro, tranquila, ¡adelante!

Yo: pues sí, me he tocado... o sea, explorado. Y no, no me he encontrado nada importante.

Mi vocecita: tampoco ninguno de ellos ha manifestado encontrado nada significativo a dos manos.

Doctor: ¿Qué método anticonceptivo utilizas?

Yo: Sí... Es que yo no tengo pareja ahora mismo, bueno, es que me divorcié hace tres años...

¿Quéee? ¿he dicho eso? -lo mismo pensaba el ginecólogo tras su incrédula mirada- Volvió a ponérmelo más fácil. Segundo intento, atención, pregunta para rubias: (con mis respetos a las rubias, confieso que yo a veces sospecho que me tiño de morena)

Doctor: ... está bien. -creo que inyectando toda su paciencia- Pero cuando tienes relaciones, ¿qué método sueles utilizar?

Lo sé, esta vez me lo puso fácil ¿eh? pues tampoco.

Yo: Con...

Mi vocecita: No digas al médico condones que es una cutrada, ¿cómo es?... con, pron, pren… profile… ¿¿profiteroles??

Yo: (nuevo intento) Con… con...

Doctor: ¿Preservativo?

Yo: ¡sííí! eso es. ‘CON-PRESERVATIVO’

Mi Vocecita: mierda ¿cómo puede ser que me acuerde de profiláctico y no de preservativo? tenía que haber dicho condones, el ginecólogo debe pensar que no recuerdo el nombre porque hace siglos que no veo uno.

A pesar de todo eso, creo que no podría acabar mejor. Es como cuando tienes esa primera cita llena de meteduras de pata  y sabes que nada puede arreglarse ya. El ginecólogo me dijo que enviaría las pruebas a mi ginecóloga habitual  pero que ¡quería verme de nuevo en un año y repetir!
Obviando el tiempo que es una barbaridad para volver a quedar, pero bueno, si un hombre te plantea una segunda cita, no debe haber ido tan mal, ¿no?
Publicado la semana 13. 31/03/2017
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