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Sol

FUNCIONES DE LA PRIMAVERA


Entre mucha confusión, en un claro de la jungla, encontré, en medio de más fieras y monstruos, sus ojos entrañables. Un rostro apacible que preserva electricidad, capaz de sacudir con sus intenciones ese anhelo mío insatisfecho. Una ventana en la que apostarme y por la que apostar algo más que casi cuatro horas de tomar té, tomándole.
Casi cada mañana y tras el desayuno me alimento con sus encriptadas pero gráciles palabras, acciones de esas que son aldabas, que arrancan respuestas abriendo mis puertas cada vez un poco más. Apenas oigo bisagra alguna chirriar pero permanezco atenta, casi esperando que algún obstáculo propio se alce en medio. El pánico, lo sé, podría con un terremoto, romper el camino incipiente perfectamente hilado.
Casi cada noche, en un heroico acto, sube hasta la ventana de mis oídos en voz acariciadora a la vez que esgarra alguna pausa excusándose en alergias, mientras quiero creer que yo puedo ser suficiente para estremecer su calma.
Flotando en un universo nuevo y sin embargo conocido. Así me siento, como el astronauta retirado llamado de nuevo a la misión menos espacial y más especial, por ser quizá la que ya no se espera. Descubrí por primera vez algo que puedo enseñarle: trazar una intersección del diagrama de Venn para intervenir en un nuevo conjunto, compartir elementos y convertirlos en comunes. Estoy dispuesta a ceder la opción de nombrar ‘A’ o ‘B’ porque es tanto lo que da siendo él,  que acepto sus tangentes y secantes en mi circunferencia.
Cerrando los ojos, suspiro por que sintiera miedo a perderme, debe ser sublime sentirse indispensable.  Que sufriera desasosiego como ese ínfimo segundo de corriente que descarga por alguna inconveniencia, sobresalto como por esa frase que ha desnudado temores. Que en un valiente arrebato confesara, igual que cuando se anuncia que lo que existe no es suficiente, porque se quiere más… por eso, por querer más.
Fantaseo sobre su prisa de mí, lo adorno inventando su premura en verme, en su hipotética ansia porque otro pueda descubrirme, en pura urgencia de tenerme. Vuelan mis elucubraciones sí, lubricando la situación más inverosímil,  -esa que no oí jamás de ningún hombre-  como que él me necesite.
Entra en mí cálido en contactos analógicos, pero en letras estrechas sale por peteneras. Habilísimo con la pluma, diestro y zurdo, desdibuja el límite de mis labios besando más allá de los confines. Escribe uniendo mis lunares en ejercicios de motricidad digital, mientras descubrimos nuevas constelaciones carnales.  Despeina con esmero mi cabellera, ordenando mis rizos en un palíndromo intento por  verme igual desde su pecho y mi espalda.
Quiero derramarme en él, pero antes quisiera saber qué padece… por si su deseo por mí es verdad, por si su tuétano es auténtico.  Cualquier día lo desentraño en un F12 para guardarlo o para verle las tripas.
Publicado la semana 11. 17/03/2017
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