Semana
53
Severina Bau

Londres 2022

Género
Relato
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El tren era más rápido sí, también más caro, pero el metro seguía llegando al aeropuerto así que ¿por qué no empezar su viaje en el tiempo recordando cada una de las paradas hasta Oxford Circus?

“La línea Piccadilly, qué recuerdos”, pensó mientras bajaba por las escaleras y se cruzaba con el aire que desprenden los vagones del metro. En ese momento, mientras se cercioraba de que se había colocado en el lado correcto de la escalera mecánica para dejar pasar a los que llevaran prisa, se subió el cuello de lana hasta la nariz para volver a aspirar su nuevo perfume. Quería que se mezclara con el viejo recuerdo del metro de Londres. Su yo de antes y su yo de ahora, más valiente sí, o igual de obstinada, pero con muchas más lorzas y arrugas y manchas y celulitis y carne flácida. De nuevo recurrió a su fragancia para armarse de valor. “Qué descubrimiento, qué descubrimiento”, mientras sus sentidos se relamían con aquello... “¿cómo dijo la chica que se llamaba? No se qué del Ámbar. Tengo que investigarlo en cuanto vuelva a tener cobertura”. 

Sara sonrió cuando vio llegar al tren. No porque no había esperado ni un minuto en el andén, sino porque se dio cuenta de que el tapizado de los asientos era exactamente, pero EXACTAMENTE, igual al que recordaba. Una imitación al terciopelo de fondo azul oscuro con líneas y cuadrados dispersos de color rojo, naranja y verde. Su mano acarició con cariño el asiento libre que quedó a su lado, como si quisiera que todos los pelos de la tapicería (“claramente un material industrial hormonado con poliéster”) apuntaran en la misma dirección. 

Parte del recorrido era por la superficie. Cómo debían de haber crecido aquellos barrios pegados a esas paradas de metro en la zona cinco y cuatro. Sara no tenía un recuerdo claro de cuál era el aspecto de esa parte de Londres veinte años atrás. Las estaciones de ladrillo cara vista color ocre le resultaban familiares, así como la tipografía de los nombres de las paradas. “Ah, cobertura”, dijo sin darse cuenta en voz alta al escuchar el sonido de llegada de mensajes de su móvil. 

“Mamá, ¿ya has llegado?”

Su hija.

”Hey, que dius’”

Su amiga Begoña

“¿Comemos mañana? Hoy he teletrabajado y el viernes también”

Eva. 

“Ya he llegado a casa”

Pamela

Cuando comprobó que no tenía más mensajes que responder, Sara se dio cuenta de que le faltaba uno por entrar. Tendría que decir exactamente: 

“Pero, ¿estás loca? ¿Quién te manda a ti volver a Londres? ¡Y con esa idea en la cabeza! Vas a estar centrifugando en el estómago durante dos días para nada. No va a pasar nada. Con suerte encontrarás unos cuantos libros interesantes y te pondrás hasta las trancas de earl grey. Ya está. Este nivel de locura es insuperable”. 

Sara levantó la vista de su móvil. El metro ya había vuelto a deslizarse bajo tierra. Sin previo aviso. Nadie anunció por megafonía: “Oigan, miren por la ventana que ya a partir de ahora no hay nada más que ver mas que túneles. Ah, y se acaba la cobertura”. 

Agachó la cabeza hasta juntar su barbilla con el pecho y volver a inspirar esa esencia con la que había impregnado la bufanda. Pensó que si se lo explicaba a su amiga Begoña (a la que no le había dicho nada del viaje), le entendería. A veces se ponía muy esotérica con la vida y hablaba de señales del destino y cosas así. Sin perder esa especie de respiración asistida, oyó cómo en su cabeza Begoña le decía: “estas majareta”.

Publicado la semana 53. 07/01/2018
Etiquetas
La vida misma , En la cama, En noches, Con un café, claro
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