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Nuria López Blázquez

Prisa en el mundo

Vivimos en el mundo de lo inmediato. La calma, la parsimonia, la serenidad son adjetivos salidos de las novelas del XIX, sin cabida en nuestra sociedad actual.

Todo a nuestro alrededor parece empujarnos a correr, a decidir impetuosamente.

Decides viajar y buscas por internet un vuelo. Escucharás en seguida a quién te apremie para que consigas tu billete rápidamente, antes de que suba el precio. Alquilas una casa de vacaciones y en la página web te informan de que hay cinco personas buscando exactamente la misma casa que tú, como si escrutasen por encima de tu hombro y trataran de quitarte tu oportunidad.

Prisa y competencia se funden en el mismo ámbito. Te mudas con precipitación, sin medir cada rincón porque la casera te apremia diciendo que tiene a más gente esperando. Y cuando tienes todos tus muebles en la que será tu nueva casa durante tres años, descubres que la cama no cabe y el sillón no permite que la puerta del salón cierre.

Entonces hay que ir a comprar nuevos objetos para la nueva casa. Y no puedes ir mañana, quieres ir hoy mismo, domingo, sabiendo que vas a encontrar una multitud probando el que será tu sofá y que un carro tratará de girar con soltura en el almacén de muebles empaquetados, para alcanzar antes que tú el pasillo 8 y encontrar la letra C.

La angustia se apodera de ti y no consigues recordar cuando fue la última vez que compraste sin sentir esa opresión en el pecho. Miras con cierta incredulidad tu nuevo salón y tu antiguo sillón, seminuevo en la puerta de tu casa, esperando a que alguien lo recoja.

Compulsivamente has cambiado de casa, de barrio, de salón, de tapizado. Has cambiado tu manera de entender la vida. Te has dejado arrollar por la corriente del remolino que todo lo lleva, directo al sumidero, sin salida, pero con entrega en el día.

Publicado la semana 95. 30/12/2018
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