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Nuria López Blázquez

Tres Pilares

Pilares fuertes, Pilares nombre de tres mujeres que se convirtieron en puntales de mi vida en diferentes momentos. Pilar mi madre, por supuesto; porque a los cuarenta años ya has pasado la etapa de afirmación y puedes reconocerla todo lo que te ha dado y tienes de ella: aprendido e imitado. Y a la inversa, la relación crece cada año con la posibilidad de que te reconozca que admira en ti la fortaleza, la constancia y el empuje por llevar la vida que ella querría haber llevado. No se puede pedir más a una madre.

Pilar de Miguel la mujer a quien más echo de menos en este mundo.

No hay día que no piense en ella. La recuerdo en todas las etapas de mi vida. De niña jugando con su hija y ahora amiga, y de adulta, disfrutando de su gran capacidad conversadora. Siempre reivindicativa, decidida a combatir cada injusticia, informada por todos los canales posibles y al mismo tiempo, capaz de sorprenderse porque una cinta de video Beta comprada en el Louvre no la diera derecho a ver el contenido porque antes, debía comprarse un reproductor de video. Siempre dispuesta a escucharme, a pesar de que ahora lamente no haberla escuchado yo más a ella cuando tuve oportunidad, en cada encuentro.

Pendiente de cada uno de tus gestos, de cada mirada; interpretando mi vida desde el primer momento hasta su final; cuando sentada en su sillón rojo, observaba divertida a los obreros que paseaban por la fachada de su maravillosa casa. La medicación la hacía reír porque cada uno muere como es y, a ella siempre la recuerdo con su risa abierta, sincera, casi infantil, incluso con su sonrisa en los momentos en los que le hacías la mayor de las confesiones, que por supuesto ella ya intuía y había diagnosticado tiempo atrás.  

Pilar Careaga el tercer pilar que logró que cambiase mi vida, que me tendió las gafas moradas y tuvo la paciencia de ver cómo yo me las ponía, despacio, con indecisión, aprensión al inicio. Pero se mantuvo cerca, a la espera, confiada en que en algún momento sería capaz de ponérmelas y ver finalmente mi realidad y, transformarla. Con su ayuda, con su lucidez y su fuerza. En el momento más difícil de su vida tuvo la habilidad que más admiro en ella: constancia y tenacidad.  

Ahora no me siento yo misma sin esas gafas, sin esa nueva vida que ella me brindó y que fui capaz de construir paso a paso, sin dejar de apoyarme en otras mujeres igualmente dispuestas a prestarme su energía cuando mi autoestima flaqueaba, su sofá cuando necesitaba un descanso, sus pañuelos cuando no podía dejar de llorar y su compañía para disfrutar de cada victoria. Aprendí lo que significa sororidad desde la vivencia más directa, antes de conocer el significado de esa palabra.

Tres Pilares que me dieron y me dan su amor, su apoyo, sus sabios consejos. Basándose siempre en sus experiencias de mujeres fuertes, sabias, lúcidas, de una generación anterior que me ha marcado a mí y a todas las que venimos detrás.

Pilares fuertes, Pilares nombre de tres mujeres que se convirtieron en puntales de mi vida en diferentes momentos. Pilar mi madre, por supuesto; porque a los cuarenta años ya has pasado la etapa de afirmación y puedes reconocerla todo lo que te ha dado y tienes de ella: aprendido e imitado. Y a la inversa, la relación crece cada año con la posibilidad de que te reconozca que admira en ti la fortaleza, la constancia y el empuje por llevar la vida que ella querría haber llevado. No se puede pedir más a una madre.

Pilar de Miguel la mujer a quien más echo de menos en este mundo.

No hay día que no piense en ella. La recuerdo en todas las etapas de mi vida. De niña jugando con su hija y ahora amiga, y de adulta, disfrutando de su gran capacidad conversadora. Siempre reivindicativa, decidida a combatir cada injusticia, informada por todos los canales posibles y al mismo tiempo, capaz de sorprenderse porque una cinta de video Beta comprada en el Louvre no la diera derecho a ver el contenido porque antes, debía comprarse un reproductor de video. Siempre dispuesta a escucharme, a pesar de que ahora lamente no haberla escuchado yo más a ella cuando tuve oportunidad, en cada encuentro.

Pendiente de cada uno de tus gestos, de cada mirada; interpretando mi vida desde el primer momento hasta su final; cuando sentada en su sillón rojo, observaba divertida a los obreros que paseaban por la fachada de su maravillosa casa. La medicación la hacía reír porque cada uno muere como es y, a ella siempre la recuerdo con su risa abierta, sincera, casi infantil, incluso con su sonrisa en los momentos en los que le hacías la mayor de las confesiones, que por supuesto ella ya intuía y había diagnosticado tiempo atrás.  

Pilar Careaga el tercer pilar que logró que cambiase mi vida, que me tendió las gafas moradas y tuvo la paciencia de ver cómo yo me las ponía, despacio, con indecisión, aprensión al inicio. Pero se mantuvo cerca, a la espera, confiada en que en algún momento sería capaz de ponérmelas y ver finalmente mi realidad y, transformarla. Con su ayuda, con su lucidez y su fuerza. En el momento más difícil de su vida tuvo la habilidad que más admiro en ella: constancia y tenacidad.  

Ahora no me siento yo misma sin esas gafas, sin esa nueva vida que ella me brindó y que fui capaz de construir paso a paso, sin dejar de apoyarme en otras mujeres igualmente dispuestas a prestarme su energía cuando mi autoestima flaqueaba, su sofá cuando necesitaba un descanso, sus pañuelos cuando no podía dejar de llorar y su compañía para disfrutar de cada victoria. Aprendí lo que significa sororidad desde la vivencia más directa, antes de conocer el significado de esa palabra.

Tres Pilares que me dieron y me dan su amor, su apoyo, sus sabios consejos. Basándose siempre en sus experiencias de mujeres fuertes, sabias, lúcidas, de una generación anterior que me ha marcado a mí y a todas las que venimos detrás.

Pilares fuertes, Pilares nombre de tres mujeres que se convirtieron en puntales de mi vida en diferentes momentos. Pilar mi madre, por supuesto; porque a los cuarenta años ya has pasado la etapa de afirmación y puedes reconocerla todo lo que te ha dado y tienes de ella: aprendido e imitado. Y a la inversa, la relación crece cada año con la posibilidad de que te reconozca que admira en ti la fortaleza, la constancia y el empuje por llevar la vida que ella querría haber llevado. No se puede pedir más a una madre.

Pilar de Miguel la mujer a quien más echo de menos en este mundo.

No hay día que no piense en ella. La recuerdo en todas las etapas de mi vida. De niña jugando con su hija y ahora amiga, y de adulta, disfrutando de su gran capacidad conversadora. Siempre reivindicativa, decidida a combatir cada injusticia, informada por todos los canales posibles y al mismo tiempo, capaz de sorprenderse porque una cinta de video Beta comprada en el Louvre no la diera derecho a ver el contenido porque antes, debía comprarse un reproductor de video. Siempre dispuesta a escucharme, a pesar de que ahora lamente no haberla escuchado yo más a ella cuando tuve oportunidad, en cada encuentro.

Pendiente de cada uno de tus gestos, de cada mirada; interpretando mi vida desde el primer momento hasta su final; cuando sentada en su sillón rojo, observaba divertida a los obreros que paseaban por la fachada de su maravillosa casa. La medicación la hacía reír porque cada uno muere como es y, a ella siempre la recuerdo con su risa abierta, sincera, casi infantil, incluso con su sonrisa en los momentos en los que le hacías la mayor de las confesiones, que por supuesto ella ya intuía y había diagnosticado tiempo atrás.  

Pilar Careaga el tercer pilar que logró que cambiase mi vida, que me tendió las gafas moradas y tuvo la paciencia de ver cómo yo me las ponía, despacio, con indecisión, aprensión al inicio. Pero se mantuvo cerca, a la espera, confiada en que en algún momento sería capaz de ponérmelas y ver finalmente mi realidad y, transformarla. Con su ayuda, con su lucidez y su fuerza. En el momento más difícil de su vida tuvo la habilidad que más admiro en ella: constancia y tenacidad.  

Ahora no me siento yo misma sin esas gafas, sin esa nueva vida que ella me brindó y que fui capaz de construir paso a paso, sin dejar de apoyarme en otras mujeres igualmente dispuestas a prestarme su energía cuando mi autoestima flaqueaba, su sofá cuando necesitaba un descanso, sus pañuelos cuando no podía dejar de llorar y su compañía para disfrutar de cada victoria. Aprendí lo que significa sororidad desde la vivencia más directa, antes de conocer el significado de esa palabra.

Tres Pilares que me dieron y me dan su amor, su apoyo, sus sabios consejos. Basándose siempre en sus experiencias de mujeres fuertes, sabias, lúcidas, de una generación anterior que me ha marcado a mí y a todas las que venimos detrás.

Publicado la semana 81. 26/07/2018
Etiquetas
Todo lo vivido , Con nostalgia
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