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Nuria López Blázquez

Neofeminismo

Cuando descubrí que el neofeminismo se parecía demasiado al neoliberalismo ya era tarde para recular. Me había metido de lleno en la boca del lobo y no tenía capacidad de maniobra, pero ahora lo veía claro.

Si la igualdad era el sujeto del feminismo en la década de los 70 y los 80, la libertad lo era en aquellos primeros años del siglo XIX.

Las neofeministas piden que cualquier mujer pueda decidir el tipo de maternidad que quiere apelando a la libertad: somos libres de decidir si amamantamos a nuestras hijas hasta los cinco años o si dormimos hijos y pareja en la misma cama, practicando el colecho.

Atrás queda la idea de que el biberón era la esencia de la igualdad entre las mujeres y los hombres, porque permitió a nuestras madres dejar por primera vez de lado la lactancia e incorporarse a su puesto de trabajo rápidamente, después de unos meses de descanso. Entonces la carrera laboral de las mujeres era una prioridad en la lucha feminista, tras décadas de prohibir a las mujeres trabajar después de casarse.

Las tetinas y la leche en polvo consiguieron, además que nuestros padres fueran los primeros hombres en este país que daban de comer a sus propios bebés, bajo la mirada recriminatoria de sus madres, suegras y padres, y todo ello sin que les temblase el biberón. Al menos cinco fotos he contado en el álbum familiar de mi padre conmigo en brazos alimentándome y sonriendo.

Ahora la libertad de decidir cuándo nos reincorporamos al trabajo, si es que nos reincorporamos, está por encima del valor que tiene para una mujer su independencia económica y su trayectoria profesional, pese a que seguimos escrutando estadísticas en las que queda de manifiesto que esta es una de las principales variables para que las mujeres puedan elegir su propia libertad, tomen sus propias decisiones y en muchos casos, la única forma de que salven su vida en caso de toparse con la violencia de género.

Yo quiero ser libre, desde luego, pero no creo que pueda serlo sin ser igual al resto de mis congéneres varones.

Puedo y quiero defender mi igualdad junto a cualquier otra mujer, sin importarme si ha dado el pecho a sus hijos, si tiene hijos o su orientación sexual.

No creo que ninguna de esas cuestiones deba convertirse en el centro del debate feminista, simplemente son parte del respeto a las demás mujeres, pero no son cuestiones que atenten contra nuestra libertad, sino contra nuestra igualdad. Mientras sigamos volcadas en el debate sobre la libertad, estaremos dejando de lado la importancia que tiene el hecho de ser todas iguales, simplemente hay que pensar que muchos hombres nos dejarían ser libres sin ser iguales a ellos.

Publicado la semana 79. 31/12/2018
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