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Nuria López Blázquez

Cuando crecer duele

Martes a medio día. Silvia levantó la vista del ordenador cuando su compañera dejó las cosas sobre la mesa y después de resoplar dijo: 

-No me apetece nada ir a ese colegio a dar la clarla sobre buenos tratos a alumnos de 5º y 6º de primaria...

-¿Y eso?

-Son demasiado pequeños para hablarles de comentarios sexuales degradantes para las chicas y perspectiva de género, ¿no? -Belén parecía hablar para sí misma- Me siento más cómoda con los adolescentes de verdad. Los de 14 a 18 años.

Silvia volvió a mirar a su pantalla, pero lo cierto era que no estaba de acuerdo con aquello. 

-En realidad, por lo que veo en mis hijos de esa edad, los de 5º y 6º están mucho más adelantados y dicen muchas más barbaridades de lo que podríamos pensar.

-Pero no saben lo que dicen.

-Puede ser, pero tal vez por eso es más importante dar estas charlas en esos niveles ¿no crees? Es la única manera de que tomen conciencia de lo que están diciendo, de lo que hacen sentir a sus compañeras...En fin, no sé, yo no doy talleres de coeducación, sólo lo digo por lo que les oigo a mis hijos.

-Sea lo que sea, tengo que irme hasta la otra punta de la comunidad de Madrid para darles la charla y a ver cómo sale...voy a imprimir materiales y me voy pitando- zanjó Belén la conversación.

En la vida no hay casualidades, se suele decir, y cuando Silvia llegó a casa esa tarde su hija de 10 años la esperaba ipaciente para contarle algo que no se había atrevido a contar a nadie desde que llegara a casa ese día. 

-Mamá...que quiero decirte una cosa, pero no sé cómo...

La ventaja de estos hijos míos es que tienen bastante inteligencia emocional y confianza, pensó Silvia al tiempo que se sentaba en la cocina con el bolso aún colgado en el hombro y esbozando una sonrisa de tranquilidad; intentando transmitir seguridad y dejando de lado los mil y un pensamientos que solían envolverla al llegar a su casa del trabajo y cuyas primera palabras empezaban invariablemente por "tengo que..." 

-Dime cielo.

-Es que....

La niña iba poniéndose cada vez más colorada y los segundos se le hacían eternos a Silvia. Siempre había mantenido que la maternidad, sin duda el más complejo de los trabajos de su vida, sólo podía llevarse a buen puerto a base de mucha paciencia, cada día kilos, toneladas de paciencia. Respiró sonoramente y empezó a enumerar despacio a ver, si de ese modo daba con el problema que tenía a la niña tan compungida:

-¿Te ha bajado la regla?- negación con la cabeza, tan fuerte que la coleta sobresalió rápidamente por ambos extremos- ¿Te has vuelto a pelear con tu hermano mayor?- nuevamente negación, pero menos fuerte- ¿Con el pequeño?

-No, no mamá...no es nada de mis hermanos.

-¿Del colegio?- cañiente, caliente: la cara de la niña se puso roja como un tomate.- Vale. ¿Te han castigado?- A Silvia la sorprendería porque nunca había tenido problemas de ese tipo con sus hijos mayores, el pequeño era otro carácter.

-¡Qué va!

-Pues no se me ocurre nada más...- estaba pensando de verdad con toda la intensidad que la permitía la hora, el cansancio de tener dos trabajos, tres hijos y mucho menos tiempo del que necesitaba cada día.

-Es que...-Vuelta a las divagaciones.

-A ver, vamos a poner nombres: ¿con quién has tenido un problema? ¿alumno o profesor?

-Con Ignacio y con León.

-Bien- Al fin concretaba algo.-¿Y por qué te da vergüenza?- La niña la miro impresionada como si no entendiese cómo su madre era capaz de saber que se sentía completamente avergonzada.

-Porque...

-¿Les has pegado?

-No, no mamá...para nada. Es que

Otra vez es que...con lo que leía su hija, tendría que dejar para otra charla la idea de que una no debe empezar las frases con "es que, pues, osea" y demás palabras inconexas para realizar una construcción gramatical aceptable. Silvia anotó aquella idea mentalmente, en la subcapeta "charlas", dentro de la carpeta "Pendiente con los niños".

-¿Qué han hecho ellos entonces?

Y por fin brotó, como un geiser después de subir la burbuja:

-Los muy imbéciles me han dicho: "María que dice Ignacio que quiere que le chupes la polla" y luego Ignacio, "que no, que es éste el que quiere follarte"

Silvia acostumbraba a lograr mantener la compostura cuando sus hijos le contaban cualquier cosa. Sin embargo esa tarde, la que explotó fue ella:

-¿Qué? ¿lo dices en serio? ¿Y tú que has hecho? Mira los mato...- Era consciente de que no era la reacción más pedagógica posible pero notaba como la ira se apoderaba de ella- Serán cabrones y machistas de mierda.

La niña obvió los comentarios:

-Pues me levanté y les dije: "la habeís liado buena" y fui a decírselo a la señorita que se enfadó muchísimo-Vaciló de nuevo-Dijo como tú: sois....pero se calló. Y nos mandó bajar a los tres a la directora para que contaran lo que habían hecho.

Para entonces Silvia ya tenía abrazada a su hija. Sabía que ese era solo el primero de mucho episodios que por desgracia tendría que soportar en su vida. Cuando te pasa a tí duele menos que cuando le pasa a tu hija. Afortunadamente la educación que había dado a sus hijos desde bien temprano, había incluído hacerles comprender que las chicas, las mujeres en general sufren ese tipo de comentarios y más aún durante toda su vida, y que tienen que ser capaces de decirlo, señalarlo, tanto ella como niña, o chica ya, como su hermano mayor, para no ser complíce de un sistema en el que entre los chicos y los hombres adultos estos comportamientos no se recriminan, sino que por el contrario se aplauden y jalean en la mayoría de los casos.

-Bueno cielo. Siento muchísima rabia, porque es la primera vez que has sufrido acoso. Porque eso es lo que has sufrido. No tienes que tener vergüenza al contarlo. Son ellos los que tienen que morirse de vergüenza por haberte tratado así. ¿lo entiendes verdad?

-Sí, pero no lo puedo evitar.

Eso sí que le dolía a Silvia. ¡Joder! a ella, a sus amigas de infancia, a las de adolescencia y a las actuales, a todas las invadía aún siendo plenamente conscientes, aún trabajando en aquel campo esa vergüenza casi ancestral cuando te sientes víctima de un acosador.

-Lo más importante es que has reaccionado muy bien. Rápida, sin dudar. De eso debes sentirte orgullosa.

La niña se quedó pensativa, pero ya sonreía reconfortada.

-¿Y qué les ha dicho la directora?

-Que estaba muy enfadada y que tenía que pensar un buen castigo para ellos. Que de momento iba a llamar a sus padres- Otra vez el "que" para empezar una frase...la mente de Silvia iba y saltaba de la ira a su parte más racional.

-¿Y no han dicho nada en la clase? ¿No han explicado lo que ha pasado?

-No, nada. Nadie se ha enterado hasta la hora de salir, cuando se lo he contado a Marco. A partir de ahí, ya sí, se han enterado todos. Bueno, los niños, porque además ellos estaban llorando porque iban a llamar a sus casas. Pero de los profesores no se ha enterado nadie, mamá-Otra cosa de la que sentirse orgullosa: sus tres hijos eran una piña, especialmente los mayores por aquello de llevarse tan solo dos años.

Nueva nota mental de Silvia: decirle mañana mismo a Belén que las charlas en 5º de primaria son fundamentales y que debemos ofrecer el taller "Buenos tratos y coeducación en el respeto" en el colegio de mis hijos.

Publicado la semana 73. 28/05/2018
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