Semana
64
Nuria López Blázquez

Feminismo es IGUALDAD. 8 de Marzo en Madrid

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No ficción
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Lo que vivimos el 8M en Madrid y en todo el país fue algo que muchas intuíamos. Hacía tiempo que estaba fraguándose. Aunque no formaras parte del comité organizador, éramos plenamente conscientes de que era el momento idóneo.

Sin embargo, durante la mañana de ese día recibí llamadas de amigas y amigos, conocidos y demás contactos, que me preguntaban si creía que con el mal tiempo que hacía iba a movilizarse a una gran cantidad de mujeres para la manifestación de la tarde.  

A mí personalmente me sorprendió la pregunta recurrente.  

Era evidente el hartazgo, hastío, enfado e incluso rabia de muchas de nosotras. Nos están asesinando y nadie hace nada.

La mayor causa de muerte de las mujeres/niñas de entre 15 y 44 años en este país es la violencia machista. Y nunca hemos respondido de forma violenta, a pesar de que se siga hablando de “feminismo radical”, como se hablaba de la “kale borroka”. 

Alguno o alguna de quienes me lo preguntaban, como si yo ejerciera de pitonisa feminista, se ha llegado a preguntar, en algún momento de lucidez, por mínimo que fuera ese momento !!!!!cómo es posible que no se haya puesto en marcha un verdadero plan integral, que involucre a jueces, magistrados, fuerzas y cuerpos de la seguridad del Estado, y demás recursos públicos, si tenemos en cuenta que llevamos, y sólo desde que se contabilizan como tales, más muertes por violencia machista que víctimas de ETA? !!!!!! 

Respondiendo a esa simple pregunta, que yo les daba cual loro repetitivo al teléfono, eran capaces de pararse un segundo a pensar. Callaban de este modo, al otro lado de la línea todos los que me llamaban el día 8. Todos los que se engloban en mi categoría hegeliana, de mis conocidos y conocidas “feministas, PERO”, como yo les llamo, por ubicarlos en el lado de los NO feministas.  

Evidentemente los que están en la otra categoría de “amigas y amigos feministas” no me llamaron el día 8.

Disfrutaron como yo, a pesar del frío de la mañana y la llovizna de toda la larga y apasionante jornada, de cada momento, tratando de fijarla en nuestra mente, sabiendo que se estaba gestando algo mágico.

La libertad se aprende ejerciéndola”, dijo Clara Campoamor y ese día sabíamos que era un peldaño fundamental para que, muchas aprendieran a ejercerla. 

Muchas caras nuevas, sonrisas cómplices durante la jornada, a la puerta de los centros de trabajo, aunque no pudieran sumarse a la huelga, mujeres que preguntaban por la hora y el lugar de la manifestación, con sus bolsas de la compra a cuestas o incluso saliendo de comprar en El Corte Inglés.

Todo ello hacía evidente que el clamor soterrado durante años iba a surgir como un geiser, una marea humana.  

Y la marea nos sobrepasó. Aun sabiendo que íbamos a ser muchas, a pesar de repetirlo en redes, por teléfono, por Telegram para las más modernas y WhatsApp para las más tradicionales, me sorprendí dos horas antes de la manifestación, dos horas reales, de reloj, con la cantidad de mujeres entusiastas que nos reuníamos. 

Las fotos llegaban desde la Puera de Alcalá ya llena de gente, fotos de la cabecera en Cibeles, todavía se recibían y descargaban datos con facilidad.

A las 19 ya no se podía ni enviar un tuit con imágenes. Pero no hacía falta constatarlo. Ya era incontestable.

Se sentía: éramos una, diversas, pero una única voz pidiendo igualdad efectiva, igualdad en los cuidados, igualdad salarial, igualdad en el derecho a la vida, a que no nos asesinen, en el derecho a educar a nuestras hijas e hijos en equidad e igualdad.

Algo tan simple como “todos somos iguales, aunque seamos mujeres” se coreó, se gritó, se bailó y se cantó de todas las formas posibles, con palabras malsonantes, con estribillos pegadizos, con batucada apasionada, pero sobre todo: con calma y mucha emoción. 

Imposible describir el sentimiento de embriaguez y felicidad que sentimos. 

Mi hijo mayor me acompañó y con 11 años, pintado con el símbolo del feminismo por excelencia en la cara me miró y afirmó categóricamente que era consciente de que, algún día le entrevistarían para preguntarle, cuando los demás ya no estuvieran vivos: ¿cómo viviste la manifestación de aquel 8 de marzo de 2018? “

Mamá, como cuando en los reportajes preguntan a los que han sobrevivido porque eran pequeños aún, a algún momento súper importante, ¿sabes lo que digo, mamá? Como en el reportaje que vimos de ese concierto ¿cómo se llamaba?” 

Woodstock, se llamaba Woodstock.

Y luego todo el mundo resultó que estaba allí, como en Mayo del 68, igual, aunque no hubiera sido así y así pasará con este peldaño que hemos subido en la búsqueda de una sociedad igual, sin machismo, sin heteropatriarcado.

Algún día. Ojalá puedas verlo y participar de ello, porque es algo por lo que merece la pena coeducar y luchar Antón.

Publicado la semana 64. 01/04/2018
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