Semana
63
Nuria López Blázquez

Celebrando los 44

Género
No ficción
Ranking
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Cuando se entra en cualquiera de las décadas de la vida, cumpliendo años, parece obligado celebrarlo.

Inicialmente se hace con entusiasmo: pasar de 9 a 10 años es toda una experiencia. Lo recuerdo cómo si me hubiera hecho consciente de que se crecía de repente, y que pronto cambiaría de colegio, de amigos. Abandonaría lo que hoy llamamos "la zona de confort" para adentrarme en nuevas responsabilidades.

Mi infancia resultó una llegada temprana a la responsabilidad y a las obligaciones. No en vano, me educó un padre que se declaraba estalinista y creía firmemente en la democracia popular y el modelo productivista estajanovista.Mi hiperresponsabilidad se retrotrae a aquellos años y aún me cuesta frenarla a menudo.

Es cierto que esa mirada, me la inculcaron en mi casa, mis padres, principalmente, haciéndome responsable antes de tiempo: limpiando la cocina después de comer los fines de semana, diciéndome, en un desarrollo patriarcal incossble, que igual que mi padre tenía la responsabilidad de traer un salario a casa, yo tenía la obligación de estudiar y sacar buenas notas.

“La niña del notable”, me llamaba mi abuela, quien por entonces vivía con nosotros y que era la alegría de la fiesta siempre. Me parece estar oyéndola: "ya eres una mujercita. Vas camino de los 11" dos días después de cumplir cualquier cifra, ya se entraba en el llamado "camino de" la siguiente. Una agonía permanente, muy católica y alejada del "carpe diem" latino.

Con este bagaje, mi llegada a las décadas posteriores no las recuerdo con ninguna claridad. 

La de los 20 me pilló en plena carrera, enamorada absolutamente y deseando escaquearme de cualquier celebración familiar o con amigos; sólo tenía tiempo y ganas de disfrutar con aquella pareja de entonces. Un modelo muy adecuado al patriarcal del estaliminsmo e idéntico al que aprendí durante cuatro años en un colegio de monjas.

El tradicional tránsito hacia la década de los 30 lo viví, con mucha ansiedad. Quería se madre.  Acababa de pasar por un aborto y lo que ahora son simplemente dos años, entonces se me hicieron absurdamente lamentable y tedioso. No fui capaz de disfrutar del momento. No pude hacer una verdadera transición consciente hacia la treintena, pese a que todo el mundo insistía en que era una década estupenda para las mujeres de nuestra generación.

Discrepo totalmente de esa visión.

Al menos desde mi experiencia vital, los 30 no son una edad fácil actualmente para las mujeres. Muchas son expulsadas del mercado laboral, por el simple hecho de entrar en una edad con grandes posibilidades de convertirte en madre. Son pocas las que no han pasado por la pregunta ilegal pero eneludible de: ¿piensas tener hijos? ¿tienes pareja?

Yo tuve suerte y fui capaz deverlo rápido, para dar un vuelco a mi carrera profesional y, aún ganando menos y bajando en el escalafón de las cotizaciones sociales, supe mantener un trabajo y, a la par, convertirme madre, gracias a lo que hoy sé que fue valentía: lanzándome a montar mi propio negocio.

No me gustaba en absoluto a lo que comencé a dedicarme laboralment. Sin embargo, ahora cumplidos los 44, ha sido lo que me ha permitido convertirme en mujer independiente económicamente. Importante, fundamental más bien, diría que en algunos, sino en todos los casos: vital para nuestra supervivencia como mujeres libres.

Y eso fue precisamente lo que me trajo la década de los 40: mi verdadera libertad. Al cumplir el número redondo no fui consciente. Demasiado tuve con sobrevivir a un divorcio complicado, tres hijos, una de elllas bebé, sin trabajo, sin apoyo familiar. Lanzándome al vacío: al precipicio, dijeron algunos y algunas.

En definitiva: estaba demasiado ocupada atravesando un momento de lo más turbulento, como para ser consciente del cambio de década, y aún lo recuerdo penoso, lánguido, nebuloso. 

Ahora, cuatro años después me siento en mi salón, miro alrededor: las paredes empapeladas por mi, los muebles asegurados con mis primeros taladros, tacos, tornillos...soy capaz de sentirme orgullosa: dos trabajos, muy diferentes entre sí pero que me permiten mi independencia y libertad soñada en los años finales de mi década de los 30.

Hijos de los que me siento igualmente orgullosa, por su forma de ser y por mi capacidadde haberlos educado con unos valores que no van a cambiar fácilmente ya: la idea de que ellos forman una piña, de que deben protegerse, la importancia de los cuidados, educarlos en igualdad, pese a su género, senseñarlos a reconocer las injusticias sociales, tener con ellos ya conversaciones serenas y sesudas, reírme de sus bromas, que ya tienen gran toque de ironía.

La capacidad cáustica de mi hija es un don que ha heredado de mí, y que la va a permitir ser flexible toda su vida, disfrutando de momentos en los que nos divierte a todos de forma cómplice.

Y sobre todo, abordar los 44 con energía y fuerza para, por fin celebrar una fiesta de cumpleaños, improvisada, con amigos, conocidos e incluso gente que se ha unido en el último momento, sin siquiera conocerlos.

Todo ello, me ha permitido hacerme consciente, por fin desde los 10 años, de que hace cuatro que cambié de década. De que me pueden quedar, seguramente menos años por delante, que años ya disfrutados, y eso hace que valore cada momento agradable y sepa poner la mano, como un muro, un dique, para deshacerme de cargas soportadas durante mucho tiempo.

La sensación de libertad ha sido lo más grande que he logrado como regalo y esfuerzo personal en estos 44 años. 

Me ha costado desembarazarme de estereotipos, falsas obligaciones autoimpuestas y, ser capaz de disfrutar por ello y de ello, sin culpas. Ya no siento el vértigo de años anteriores. Ahora me siento segura, firme, capaz y orgullosa.

Todos adjetivos impactantes. No sé cuantas décadas más podré sobrepasar, vivir con intensidad, pero sin duda la de los 40, para mí está siendo la más intensa y pacífica en el plano más introspectivo.

Me queda mucho por aprender, pero me siento en el camino correcto. Como diría mi abuela, recién cumplidos los 44....y ya camino de los 45, con la energía que no tenía a los treinta.

Felicidades a todas las que entráis en los 40. Vamos juntas, vamos lejos.

Publicado la semana 63. 17/03/2018
Etiquetas
Todo lo vivido , Con ganas
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