Semana
54
Nuria López Blázquez

Maternidad ejerciente y madre helicóptero

Género
No ficción
Ranking
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Recuerdo una clase en la facultad en la que el profesor, que claramente era padre reciente, planteaba, desde una posición filosófica la posibilidad de dedicar la tarde a jugar con su hijo y ser por ello responsable en la educación de su criatura o bien, situarlo delante de la televisión para conseguir él por su parte, el tiempo suficiente para terminar un artículo que versaba sobre la virtud.

La virtud quedaba clara en cuál de ambas decisiones se encontraba y la elección una cuestión que se plantea en muchos hogares de forma cotidiana, especialmente los fines de semana y las vacaciones.

Lo cierto es que dedicar tiempo a l@s hij@s es cansado. Requiere imaginación, paciencia y lo fundamental: cierta definición en el tipo de educación y valores que pretendes inculcar en tu prole.

En los primeros años es más sencillo decidir lo qué quieres. Las alternativas son más evidentes, o al menos a mí así me lo parece: quieres que tu hij@a vea dibujos animados en inglés para que sea bilingüe, frente a: prefieres que no vea en absoluto la televisión. Eres “madre-apego” y prefieres que duerman contigo y no permitir que lloren, ni que usen chupete sino el seno materno, o por el contrario prefieres seguir el modelo de dejar que el bebé aprenda lo dura que es la vida desde el inicio, y que llore hasta el agotamiento cuando le toca dormir. Porque lo que nadie puede negar es que con tu primer vástag@ caes en los extremos siempre. Los matices y el término medio llegan más adelante, siguiendo con el símil filosófico de la crianza: Aristóteles no aparece con tu primer hij@.

Estas decisiones que ya de por sí resultan complejas y suponen en muchos casos intensas e interminables conversaciones familiares, consejos no requeridos, e incluso alguna que otra discusión entre los propios progenitores, que inicialmente lo tenían todo muy claro y, sin embargo, en la práctica diaria caen en roces constantes, no son nada comparado con la complejidad que implica cuando l@s bebes crecen y se convierten en niñ@s con capacidad de decisión y gustos propios.

Es aquí donde las madres caemos a menudo en lo que se denomina “madre helicóptero”, por supuesto los padres también, pero yo estoy más relacionada con el mundo maternal.

El momento de aprender a “soltar” a l@s que seguimos viendo como nuestr@s pequeñ@s, es crucial en nuestra vida y sobre todo en la suya.

¿Cómo seguir estando ahí, presente, accesible, y al tiempo dándole a estos nuevos seres humanos independientes, en los que se están convirtiendo nuestr@s hijos, la cuota de “libre albedrío” que les corresponde? ¿Cómo y ante todo cuándo?

El cuándo es fundamental y una cuestión compleja. Encontrar familias que compartan tus tiempos es muy complejo. Muchas veces tienes que tragar saliva para no decir nada cuando ves a tu mejor amiga seguir limpiándole el trasero a su hijo de siete años, o te ves a ti misma agarrada al banco del parque cuando tu propio hijo ha pasado del “área de 3 a 5 años” a la de “mayores” y le observas subir y subir y subir. Reconozco haber cerrado los ojos.

Son ejemplos simples, pero yendo más allá: ¿cuándo hablar a tus hijos de los peligros de las drogas? ¿de la bebida?

La mayor parte de las madres que conozco renuncian a poner en práctica lo que escuchan en los reportajes a diario: en España la edad de inicio en el alcohol se sitúa en los once años.

-“Imposible. Eso no puede ser en las grandes ciudades, será en los pueblos, en las fiestas…no sé” –Elucubran.

Y sin embargo, es así. La madre helicóptero, aquella que se empeña en seguir a sus hij@s y en ponerles el jersey con diez años porque ella tiene frío, seguirá negando la evidencia. Pero lo cierto es que, si consigues soltar, cerrar los ojos cuando bajan por las cuerdas desde lo más alto del parque con sus cuatro o doce años, no tienes que dudar de cuándo es el momento de hablarles de cuestiones complejas. Son ell@s mismos los que vienen a preguntarte.

Y en ese momento es cuando después de todas esas noches sin dormir, explicaciones a “un@ niñ@ que es demasiado pequeñ@ para entender lo que le estás contando”, tardes enteras de ver películas con ell@s y vetando las que no creías adecuadas, te dan la mejor sorpresa de tu faceta maternal y puedes dormir tranquila…hasta la siguiente etapa que comienza mañana.

Publicado la semana 54. 14/01/2018
Etiquetas
La vida misma , En cualquier momento , Amor, Recuerdos
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