Semana
50
Nuria López Blázquez

Estereotipos de género y películas de dibujos

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La vida de las madres con hijos pequeños obliga de vez en cuando a acudir al cine para ver películas de dibujos animados.

Yo como madre de una hija cada vez salgo más horrorizada del cine. Lo comento con otras amigas, primero amigas y después, sólo en segundo lugar madres de niños, varones, y lo que más me extraña es que ellas no siempre se han dado cuenta de los estereotipos que están intentando que las nuevas generaciones de niñas sigan.

Son amigas, ya digo, y en muchos casos feministas y sin embargo no se han fijado en que las piernas y los brazos de las chicas en las películas de dibujos animados son extremadamente delgados, parecen Monster high, esas horribles muñecas que son esqueletos. Auténticos esta vez, no simulacro de mujer, sino esqueletos reales.

Y esto es tan sólo lo que se reduce a los estereotipos físicos que están metiéndoles a nuestras hijas e hijos en la cabeza.

Si profundizamos más, encontraremos que en una gran porcentaje la mala es una mujer, o una hembra de cualquier animal. El héroe por supuesto: un hombre o macho de animalito.

Por supuesto el amor romántico siempre gana, la chica lo deja todo y se lanza en los brazos del hombre protector en la mayor parte de las películas.

Desde luego, existen excepciones. Y nos lo dejan muy claro en la publicidad: ¿quién no recuerda a la princesa machota que se niega a recogerse el pelo pelirrojo: Brave? ¿O cuántas veces nos han insistido en que Gru es un villano, pero es también un súper padre de adopción que lo deja todo por proteger a sus niñas? Niñas...¿qué hubiera pasado si hubieran sido niños, los hijos adoptados por Gru?

Podríamos hacer rápidamente un bosquejo del argumento...desde luego, la mayor de las niñas engordaría hasta tener un aspecto normal, y no de palillo sin formas. Y muy probablemente acabarían todos haciendo cosas muy distintas a acariciar unicornios.

De todas, la peor que he tenido que soportar este año ha sido Coco. Reúne todos los estereotipos que llevamos años luchando por quitarnos de encima las mujeres.

La película se inicia con lo que parece una saga matriarcal de mujeres fuertes, que salen adelante cuando el marido las abandona, pero que se vuelven amargadas y crueles con el hijo pequeño de ese matriarcado, ya que no le permiten tocar música porque fue la causa por la que el padre abandonó a la madre.

Las madres de la familia de Coco harán todo lo posible por proteger al niño, incluso pasar al mundo de los muertos o volar sobre animales alados que asustan a los niños, ese miedo lo viví en primera persona con mis hijos, y por último, por si al guionista no se le notaba la testosterona suficientemente: la mujer fuerte, que saca a su hija adelante sin ayuda de un hombre, se convierte en una idiota que sólo sabe mirar con ojos de carnero degollado al hombre que la abandonó, perdiendo toda su fuerza, su independencia y colgándose del brazo de él, en cuanto él le pide perdón.

No somos brujas, no estamos en el siglo XVII, ni siquiera en el XIX cuando se quemó a la última mujer por brujería.

Tampoco queremos ser representadas en las películas como mujeres que tan solo encuentran sentido a su vida cuando un hombre las ama. Podemos valernos por nosotras mismas y queremos enseñar a nuestros hijos e hijas que somos independientes, fuertes, que sabemos querer y amar sin necesidad de que nos protejan.

Por favor, señores de Hollywood, ahora que han empezado a reconocer abusos sexuales a las actrices, den un paso más y empiecen también a plantearse el tipo de mujer que muestran a las nuevas generaciones.
Publicado la semana 50. 31/12/2017
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