46
Nuria López Blázquez

Los gatos

Me comentaba una persona que conocí el otro día,que nadie que haya tenido un gato puede afirmar que son tan huraños como dicen, que sólo quien ha compartido su vida con alguno de estos felinos, es capaz de reconocer lo cariñosos que son y los diferentes en carácter que pueden resultar.

Yo siempre quise un gato. Desde que pasaba los veranos en un pueblo en los años 80, lleno de gatos callejeros y le pedía a mi madre las sobras de la comida, para poder acercarme a ellos lo más sigilosamente posible y aprovechar que comían para rozarles, ni siquiera acariciarlos.

Pero mi madre no aceptaba nunca. Hasta que cumplí dieciséis años y una Navidad por fin, mi madre aceptó y el mismo día 24 de diciembre salí con mi padre a recorrer las tiendas donde entonces se vendían animales. Porque entonces nadie se planteaba aún lo de adoptar un gato...a pesar de tener todos los que quisiéramos en ese pueblo en verano. Había pocas tiendas de ese tipo entonces. Y en la calle Hortaleza compramos a mi primera gata. No pongo el nombre, porque vergüenza me da...era adolescente entonces.

Desde entonces nunca he dejado de tener gatos. Hasta tres he llegado a tener en una misma casa. Y lo que desde luego comparto con esa persona que conocí, en una cola de supermercado curiosamente... es que cada un@ de ellos tienen un carácter especial.

Mi gato Eneas es ya famoso entre todos mis amigos por ser el mejor "gato-perro" del mundo: se tumba boca arriba, se sube encima de los desconocidos, viene a buscarme cuando llego a casa. Mis amig@s me piden a menudo que se lo de porque no puede haber otro igual. Pero jamás podría desprenderme de él, sobre todo porque mi hijo mayor moriría de pena.

Eneas y él juegan juntos: él el lanza la pelota y le ha enseñado a jugar al futbol, con la linterna en el pasillo le hace saltar y Eneas aunque, los que no tengáis gatos no podréis creerlo dice, de verdad DICE el nombre de mi hijo...es un nombre corto eso ayuda.

En cambio también tengo a Dido, por supuesto, toda Dido tiene un Eneas y a la inversa. Dido es todo lo contrario: escurridiza, se escabulle de tod@ el que viene a casa, incluidos los niños. Es capaz de saltar por una pared si se encuentra a los niños sentados en el pasillo para o tener que rozarles, y siempre la encontramos debajo del sofá porque no soporta las visitas.

Sin embargo, por mi pareja, que no es precisamente amanate de los gatos, es amor absoluto lo que siente Dido. Según llega él a mi casa, se le sienta encima, se empeña en dormir a sus pies y ademas intenta lamerle manos y cara para deseperación de este hombre tan pacífico que ni siquiera la empuja
Publicado la semana 46. 31/12/2017
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Año
I
Semana
46
Ranking
0 129 0