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Nuria López Blázquez

Esos atuendos otoñales

Habitualmente cuando empieza el curso escolar lo asocio con la llegada del otoño, aunque en ocasiones el cambio climático se haya negado en hacerlos converger. 


Me gusta la sensación de comienzo, ver a los niños con sus cuadernos nuevos, no tanto con esas mochilas enormes llenas de libros que en ocasiones les hacen desaprender más que cogerle el gusto a estudiar .


Y además hay un hecho se sólo se produce en este cambio de estación que me divierte sobremanera. Los días que empieza a refrescar puedes observar a la gente que se empeña en estrenar la ropa de nueva temporada, aunque no sea el momento. Yo misma he caído en ello alguna vez. 


Casi se puede ver si te fijas con atención la etiqueta recién cortada y a la persona en cuestión sudando con su jersey de lana gruesa o sus botas altas de cuero a las tres de la tarde, porque a primera hora refresca y se soporta, salvo si coges el metro claro, pero la tarde...con el sol impasible en su cenit, mirándonos implacable desde arriba como cargamos con la ropa de otra temporada, es sin lugar a dudas una de las escenas dignas de haberse contado en una Odisea Moderna. 


Y año tras año caemos de nuevo en la misma trampa, exactamente igual que Sísifo.


Repitiendo esas tardes de septiembre y octubre insufribles y las gotas de sudor se acumulan. Si es un jersey se puede quitar y puedes observar y contar a la cantidad de gente que acumula jerséis, rebecas, cazadoras, pañuelos para el cuello y demás prendas de abrigo de última moda que cuelgan de sus brazos. Me pregunto cuantas de estas se perderán en esos días y casi puedo tocar la decepción de sus dueñ@s al darse cuenta de su ausencia al llegar a su destino. Pero también podemos ver el otro lado, como siempre: aquel que lo encuentra y se siente feliz con el hallazgo inesperado.


Si eres capaz de parar un instante y empiezas a fijarte, resulta que es la época del año más divertida en lo que a atuendos se refiere: mezclas inusuales que nos mantienen entretenid@s observando l@s que mantienen las chanclas y sin embargo, como hace frío y se refugian en una chaqueta de otra estación. Un chico en bermudas con una camiseta de manda larga que sobresale por debajo de la sudadera, se sube la capucha para refugiarse del viento de última hora de la tarde, cuando ya anochece, los que van en bici con la cazadora de entetiempo chorreando a las seis de la tarde.


Sólo los ejecutivos que visten siempre igual: con su chaqueta, corbata y camisa de manga larga, puede que hasta con gemelos en lugar de botones no entran en estas estrafalarias miscelaneas. Igual que las ejecutivas que les imitan en sus formas e incluso en sus atuendos a prueba de cambios de estación.

Publicado la semana 38. 24/09/2017
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